SERIE: IMITANDO AL PADRE
HIJOS DE DIOS
Nos decimos hijos de Dios. Decimos también amar a Dios y sin embargo muy poco de lo que Él hace hacemos y también muy poco de lo que Él es dejamos ver en nuestro diario vivir.
No se es hijo solo de palabra. Se es porque se tiene el ADN del padre o por crianza y por lo tanto mucho de los que el padre es se ve en el hijo. En este sentido quienes somos hijos de Dios debemos de parecernos a Él: Debemos de ser creativos, perdonadores, amorosos, cariñosos, responsables, tolerantes, respetosos, transparentes, honestos, comprometidos, entusiastas, sanos, etc.
En esta serie de sermones revisaremos nuestra ética de vida y la acotaremos con la verdad de la Palabra de Dios, a fin de hacer ajustes en las áreas en donde “nuestro perfil” no se asemeja al de nuestro Padre.
ADN espiritual (Jn. 1:12-13)
En Cristo tenemos el derecho (poder) de ser hijos de Dios. En Cristo Dios nos adopto (Efesios 2:3) Cambio nuestra naturaleza y nos hizo nuevas criaturas. Aunque originalmente no éramos parte de su familia en su amor y gracias nos insertó en la vid verdadera y con ello nos hizo herederos en Cristo.
Este hecho cambio por completo nuestra naturaleza. Dejemos de ser hijos de ira para ser hijos de amor. Todo nuestro ser fue transformado por medio del lavamiento en la sangre de Jesús, y aun hoy mismo seguimos siendo trasformado hasta alcanzar la estatura del varón perfecto quien es Cristo Jesús.
En Jesús ya no somos más quienes fuimos. Sin importar que creyéramos, que hacíamos, que sentíamos o que decíamos, ahora somos personas nuevas y la naturaleza de Dios nos pertenece como herencias por la gracia de Dios.
Características básicas (Gálatas 5:22-23)
¿Cómo es esta nueva naturaleza? ¿Cuáles son sus características básicas? Pablo en Gálatas nos describe brevemente un perfil:
1. Saber amar
2. Vivir alegremente
3. Vivir en paz con todos
4. Ser pacientes y amables
5. Tratar bien a los demás
6. Confiar en Dios
7. Ser humildes
8. Saber controlar nuestro malos deseos
Para el apóstol Pablo esto describe bien a quienes han sido “hechos” hijos de Dios. Es decir, no se puede ser hijo de Dios y no crecer en todo ello. Por lo tanto si decirnos que somos hijos de Dios pero seguimos siendo personas que nos desesperamos y gritamos, que no podemos confiar plenamente en nuestro padre, que no hemos aprendido a amar verdaderamente a Dios y al prójimo, etc. entonces no hemos crecido en la nueva vida que nos fue regalada en Jesús. Más bien hablaría que mucho de nuestra antigua naturaleza aun sigue controlando nuestra vida. No se trata de ser perfectos según los estándares humanos, se trata de ser trasformados día a día a la imagen de aquel que nos amo.
Si solo asumimos que somos hijos porque venimos a la iglesia cada domingo o porque participamos de algún ministerio, estaríamos resumiendo nuestra paternidad a la religión, y no podemos ser hijos de un dogma, los dogmas no engendran personas, más bien hacen rígidas a las personas.
En esta lista de Pablo nos muestra una ética de vida. Una forma de vivir al estilo de nuestro padre. Una forma de vivir que debemos imitar.
Compulsión por el pasado (Gálatas 5:19-21)
Quien ha nacido de nuevo aprende cada día a dejar su pasado (su vieja naturaleza) en el pasado. Nuestro gran problema es que no hemos aprendido a vivir sin el lastre de quienes fuimos y con facilidad nos sometemos al estilo de vida de quien nos esclavizo. No importa cuántas veces se abra delante de nuestros ojos el mar rojo, siempre queremos al final un becerro de oro al cual adorar. Tenemos problemas con vivir en lealtad, con administrar nuestra sexualidad, con la conducta adictiva, con las ideas que poco aprovechan, con el deseo de controlar y saber todo, con el odio, con el deseo de poseer a otros, con la ira, etc.
Nos cuesta trabajo vivir como hijos, porque creemos que aun somos lo que fuimos y por lo tanto no permitimos que Cristo VIVA SU VIDA en nosotros. Tenemos una compulsión por vivir en el pasado y ello no nos permite ser quien ahora somos en Jesús. Esto no significa que no tropezaremos, pero si significa que jamás deberíamos de volver a una condición de esclavitud, pues como hijo de Dios, ya fuimos hechos libres.
Nuestra vieja naturales (viejo ADN) fue quitado de nosotros por la obra de Cristo en la cruz y por lo tanto venimos a una nueva forma de vida en donde el pasado se deja de manipular y nos disponemos aprender a vivir un nuevo presente en la naturaleza de Cristo.
Conclusión
SOMOS hijos de DIOS y como tales debemos aprender a imitar a nuestro padre. Cuando fuimos esclavos del pecado se nos obligo a vivir como aquel que abusaba de nosotros, pero hoy tenemos la naturaleza de Cristo. Hoy estamos en el Reino de Dios: Un Reino de hijos no de esclavos.
Cada día es una lección nueva para aprender a caminar en la ruta de Dios. No nos dejemos engañar, aprendamos a priorizar la vida como Dios lo hace, a vivir en trasparencia, aprendamos amar y perdonar, disfrutemos de la vida. ¡Vivamos de la forma en que los hace nuestro Padre!
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