sábado, 12 de marzo de 2016

NO OLVIDEMOS QUE DAREMOS EXPLICACIONES







Puse todo mi empeño en entender todo esto, y pude comprobar que todo está en las manos de Dios: en sus manos está lo que hacen los sabios y la gente honesta. Ninguno de nosotros sabe en realidad lo que son el amor y el odio. Lo mismo da ser justo que ser injusto, ser bueno o malo, puro o impuro, ofrecerle sacrificios a Dios o no ofrecérselos, pecar o no pecar, hacerle a Dios promesas o no hacérselas, pues todos tenemos un mismo final.
Y eso es lo malo de todo lo que se hace en esta vida: que todos tengamos un mismo final. Además, siempre estamos pensando en la maldad; nos pasamos la vida pensando tonterías, ¡y al fin de cuentas todos paramos en el cementerio!
No hay mucho de dónde elegir, aunque «mientras haya vida hay esperanza», por eso digo, «más vale plebeyo vivo que rey muerto». Los que aún vivimos sabemos que un día habremos de morir, pero los muertos ya no saben nada ni esperan nada, y muy pronto son olvidados. Con la muerte se acaban sus amores, sus odios, sus pasiones y su participación en todo lo que se hace en esta vida.
¡Ánimo, pues! ¡Comamos y bebamos alegres, que Dios aprueba lo que hacemos! ¡Vistámonos bien y perfumémonos! Puesto que Dios nos ha dado una corta vida en este mundo, disfrutemos de cada momento con la mujer amada. ¡Disfrutemos cada día de esta vida sin sentido, pues sólo eso nos queda después de tanto trabajar! 10 Y todo lo que podamos hacer, hagámoslo con alegría. Vamos camino a la tumba, y allá no hay trabajo ni planes, ni conocimiento ni sabiduría. (Eclesiastés 9:1-10)

Nuestra  vida en esta tierra tiene un límite.  No viviremos para siempre, ni pasaremos la eternidad aquí.  Tarde o tempranos todos dejaremos esta existencia y nos presentaremos a rendir cuentas sobre todo aquello que nos movió a hacer y ser.  No importa quienes creímos ser, tendremos que presentarnos ante el tribunal del creador, nuestro dueño, el proveedor de la vida que hoy gastamos, nuestro Padre y Dios y explicar porque amamos o porque dejamos de amar, porque creímos valioso invertir la vida en lo que lo hacemos o porque no tuvimos empacho en usar a las personas que nos han rodeado para sentirnos valiosos, poderosos, amados o con una vida que tiene significado.  Tendremos que explicar porque nunca nos alejamos de quienes nos hacen daño o porque no dejamos ir a quienes le causamos dolor y arruinamos su vida.  Tendremos también que explicar porque no aprendimos a disfrutar la vida, porque construimos motivos bizarros para ser feliz o porque dejamos pasar los años sin hacer ajustes a nuestros valores y creencias y con ello encontrar mayor felicidad en la Palabra, en la familia, en los amigos sinceros y en la gente que nos ama de verdad.
                                                                                        
La vida es corta y después de ella hay rendición de cuentas nos guste o no.  ¿Qué habremos de decir al que nos dio la vida y que conoce todo de nosotros?

LA REALIDAD ES QUE NO SABEMOS
No importa cuantos años tengamos de vida, la realidad es que sabemos muy poco sobre ella.  Aunque creamos la fantasía de que sabemos vivir la realidad es que no. Construimos nuestra relación de matrimonio por razones y necesidades personales que nos son ocultas.  Hacemos el trabajo de ser padre sin entender las necesidades reales de nuestros y casi siempre buscando nuestra propia gratificación y admiración de ellos.  Pasamos tiempo con amigos de los que hablamos mal a sus espaldas y aun asistimos a la iglesia para sentirnos bien y no para vivir en los valores del Reino de Dios.  No sabemos discutir, no sabemos disciplinar, no sabemos retirarnos, tampoco enfrentar el dolor o la perdida, sin embargo vamos por ahí dando consejos, señalando los errores de otros y haciendo burla de quienes fallan en su intento de ser felices.

Lejos de Dios y sometidos a los valores de esta generación difícilmente podremos aprender a vivir.  Nadie que intente vivir de verdad podrá hacerlo siguiendo la verdad del dios de este mundo para quien controlar es mejor que amar, usar es mas rentable que servir, manipular gratifica más que hacer bien a otros y la mentira paga mejor renta que la verdad.  La cercanía a los valores de una sociedad que le ha dado la espalda al Creador, nos hace incompetentes para vivir y vivir bien.

INVERTIMOS LA VIDA EN TONTERIAS
¿Qué volaras en cuanto a la vida, la belleza, la lealtad, el compromiso, las promesas, la paternidad, los bienes materiales, etc.?  ¿Eso qué valoras como lo aprendiste? ¿De quien lo aprendiste? ¿Por qué necesitaste aprenderlo?  Todas esas verdades que en su gran mayoría no vienen de Dios, nos hacen apreciar lo mismo que ésta generación aprecia y con ello nos aleja de Dios.  Pasamos la vida por lo tanto luchando por muchas tonterías: Insistimos en ser socialmente atractivos y económicamente poderosos.  Luchamos por la admiración de los demás, por adquirir bienes de consumo que son valorados en nuestro entorno.  Nos desgatamos en crear la fantasía de que somos amados y priorizados por “un alguien” que satisfaga nuestra expectativas de belleza, sumisión, control, etc.  Invertimos nuestras quincenas en pagar deudas adquiridas por comprar cosas que creímos importante y que cuando terminamos de pagarlas ya estaban devaluadas.

En lugar de disfrutar la vida la empeñamos a cambio de “un poco de amor”, una quincena que no alcanza, relaciones que nos destruyen, verdades que son mentiras y “amistades que hablan a nuestras espaldas”  Nos olvidamos que es Dios nuestro proveedor, que solo su amor nos puede llenar y que su Palabra revelada si es verdad y confiable.  Nos olvidamos de abrazar a nuestros hijos en vez de darles cosas.  Olvidamos a nuestros padres porque nos parecen anticuados y lentos.  Perdemos a nuestros amigos porque no son tan “cool” como la gente “popu” de nuestra escuela y trabajo.  Dejamos el Reino y su verdad, por las tonterías que esta generación ofrece y que solo causan dolor.

APRENDAMOS A SER FELICES
La felicidad no se encuentra en el éxito.  Tampoco esta en tener el amor de la persona que deseamos. Mucho menos en una auto 2016; una Smart TV; un IPhone 6 plus; una consola de video juegos, ropa de moda, viajes, una casa nueva o terminar una carrera universitaria.  Todo eso esta bien, pero solo nos sacara unas cuantas sonrisas y después nos darán pesar.  Sí, lo sabemos, pero a pesar de  ello sucumbimos al deseo y vamos tras todo ello con locura y desesperación.

No hemos aprendido a ser felices, porque olvidamos con facilidad que la felicidad solo se puede encontrar en Dios y en su verdad.  No hay felicidad sin perdón de pecados, como tampoco la hay en creer que tener “solo buen sexo” es mejor que construir una relación de pareja sana y estable, que un aumento en la quincena es mejor que pasar las tarde con la familia o que una buena charla con amigos que te valoran puede ser remplazada por ser el “patiño” del “popu” de la oficina o la escuela que cuentas chiste baratos y hace burlas de todos para sentir que vale un poquito. 

La felicidad esta en Dios.  Su gozo es nuestra fuerza y sus valores son los pilares perfectos para construir vidas satisfactorias en cualquier etapa de la vida.  Solo Dios y no la sociedad, tiene los parámetros correctos para aprender a ser felices y disfrutar del bien que viene de su mano.

CONCLUYAMOS
¿En que gastas tu vida? ¿Cuáles son los valores con los pretendes sostener tu vida y lo que incluyes en ella?  ¿Cómo pretendes ser feliz?  De todo ello rendiremos cuentas.  Nada es mas cierto que moriremos y que cuando ello ocurra nos presentaremos ante el creador y ante la pregunta de “¿Qué hiciste?” tendremos que explicar nuestros motivos mas ocultos. 

No hay felicidad sin obediencia.  Retar a Dios insistiendo en construir la vida con otras reglas y principios que no son los suyos siempre traerá dolor.  Algo de risa, efervescencia, sensaciones que suben y bajan como la espuma pero no felicidad.  El predicador nos confronta hoy con el hecho de invertir la vida en lo equivocado, en lo que se va fácil, en aquello que brilla mucho pero tiene poca sustancia.  Nos enfrenta a la idea de que hagamos las cosas bien o mal si Dios no eta ahí todo será  inútil.


Seamos prudentes y pidamos a Dios que nos enseñe a ser felices y renunciemos a las ideas equivocadas que hemos utilizado a lo largo de nuestra vida para lograrlo.  Una buena vida solo se construye en la verdad de Dios y en su perfecta libertad que nos hace personas satisfechas a pesar de las dificultades inherentes a estar vivos en esta tierra.



lunes, 7 de marzo de 2016

VAMOS EN OTRA DIRECCION







Cumple las órdenes del rey, pues así lo has jurado ante Dios. No salgas de su presencia con demasiada rapidez. No tomes parte en asuntos malvados, porque él puede hacer lo que se le antoje. La palabra del rey tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos.
Al que cumple una orden, no le pasará nada malo, y el que es sabio entiende cuándo y cómo debe cumplirla. En realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran problema del hombre es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir.
No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvará su maldad.
Todo esto he visto al entregarme de lleno a conocer lo que se hace en este mundo y el poder que el hombre tiene de hacer daño a sus semejantes.
10 También he visto que a gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el día de su entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y esto no tiene sentido, 11 porque al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre sólo piense en hacer lo malo. 12 ¡Así resulta que el que peca y sigue pecando vive muchos años! (Lo que yo sabía es que a los que honran a Dios y guardan reverencia ante él, les va bien; 13 y que, por el contrario, a los malvados les va mal y su vida pasa como una sombra porque no muestran reverencia ante Dios.) 14 Y así se da en este mundo el caso sin sentido de hombres buenos que sufren como si fueran malos, y de hombres malos que gozan como si fueran buenos. ¡Yo digo que tampoco esto tiene sentido!
15 Por eso, me declaro en favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse, porque eso es lo único que le queda de su trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo.
16 Mientras más me entregué a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este mundo —llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora—, 17 más cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que ocurre en este mundo. Por más que luche buscando la respuesta, no la encontrará; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido encontrarla.
(Eclesiastés 8:2-17)

Tener el control de todo es una  obsesión muy humana.  Queremos que las cosas pasen tal y como nosotros creemos que es lo mejor o pensamos necesitar, buscamos siempre que las personas hagan lo que buscamos o deseamos, persistimos en la idea de que nos amen a todo costa pues creemos que “somos geniales”.  Nos esforzamos aun a costa de nuestra salud en alcanzar lo que deseamos y siempre estamos intentando en manipular a todos incluyendo a Dios.  Podrá ser una conducta muy humana, pero no por ello deja de ser desquiciante, enfermiza y sobre todo pecaminosa.  El predicador nos confronta en estos verso con esta realidad y nos reta a vivir de una forma completamente diferente.

DIOS HACE LO QUE QUIERE
El hombre contemporáneo ha creado la fantasía de que es autónomo, libre, autosuficiente, capaz y que conoce todas las posibilidades correctas para construir la vida.  Nada es más absurdo que esto.  Obedecer se ha vuelto en todo sentido y en cualquier rol posible en una opción y quienes hemos venido al Reino de Dios, insistimos en hacer de esta mentira una opción de vida, din entender que ello se opone en todo a la verdad y los valores revelados en la Palabra.
Henos olvidado que a Dios no se le puede manipular.  Hemos olvidado que no es susceptible como nosotros al chantaje, a sus necesidades,  a  nuestros valores sociales, a la filosofía de moda  y mucho menos a nuestros intereses.  Dios no esta subordinado a nuestros deseos, es más el no tiene obligación alguna de cumplir nuestros capricho o suplir para nuestras urgencias.  El es Dios y nadie, absolutamente nadie esta por encima de El.  Ante El lo mejor que podemos hacer es obedecer, pues argumentar es un acto tonto de nuestra parte.  Jamás olvidemos que ante Dios no habrá escusa que nos libre de nuestra responsabilidad de vivir en su verdad.

DE CUALQUIER FORMA MORIREMOS
El hombre contemporáneo busca no envejecer y con ello crear la fantasía de que nunca morirá.  Cremas, tintes, dietas, ejercicios, ropa, terapias, etc. No son más que un acto de rebelión encontrar de Dios de parte de una sociedad en clara oposición a su verdad.
El hombre se ha convertido en su limite y sus deseos son el modo que considera perfecto para construir una vida que le resulta satisfactoria.  Hemos olvidado que tenemos fecha de caducidad y que al final de esta vida física nos presentaremos a rendir cuenta ante el Creador y que por ende, tendremos que responder sobre lo que nos motivo a hacer lo que hicimos.  Hagamos lo que hagamos jamás podremos evitar nuestra muerte y que después de ella la verdadera vida empieza y el punto de arranque es el justo tribunal de Dios.

LA VIDA PARECIERA NO TENER SENTIDO
Si nos detenemos a ver la vida, nos daremos cuenta de que muchas cosas parecieran no tener sentido ni lógica.  La gente mala pareciera tener más éxito y los que intenta hacer la voluntad de Dios sufren y obtienen poco.  Esto desanima y confunde motivando a muchos a dejar la ruta correcta e ir tras los Baales que esta generación ha construido para sí, con tal de tener “mejores resultados” 
Olvidamos que somos una “contra cultura”  Que vamos en dirección opuesta.  Que no construimos la vida bajo lo valores y creencias de esta generación pues no buscamos tesoros que pueden ser robados.  Olvidamos que sin duda,  junto a cualquiera de esta sociedad que no sirve al Creador, nos veremos raros, pues no adoramos con nuestra forma de vivir al dios de este mundo, que todo corrompe y esclaviza.
Somos hijos de Dios y aunque parezcamos raros, vivimos en la verdad de aquel que nos salvo y que tiene para nosotros una mejor recompensa que cualquier cosa que esta generación nos ofrezca.

Dejemos de buscar tener el control de todo.  Eso no es una conducta que Dios promueva. Dejemos de aspirar a lo que esta generación busca, promete u ofrece.  Nada que nos pueda dar nos hará felices y mucho menos nos preparará para la eternidad.  Dejemos de anhelar ser como el hombre contemporáneo, dejemos de manipular y usar a las personas para alcanzar cosas u emociones que serán fugaces, dejemos de invertir nuestra vida en desobedecer al Creador pues nada de eso traerá bendición.


Sometamos a Dios y a sus valores pues solo ahí hay vida y gozo eterno.