lunes, 25 de enero de 2016

PERO NOS CREEMOS MUY MADUROS





Mas vale ser respetado que andar bien perfumado.
Más vales el día que morimos que el día en que nacemos.
Mas vale ir a un entierro que a una fiesta,
pues nos hace bien recordar que algún día moriremos.
Más vale llorar que reír; el llanto nos hace madurar.
En un funeral los sabios saben como portarse, pero lo tontos sólo se ríen y hacen chistes.
Más vale una reprensión de sabios que una alabanza de tontos.
Qué hueca es la risa del tonto, pronto se apaga, como la paja en el fuego.
El sabio actúa como un tonto cuando abusa de su poder
y acepta dinero a cambio de favores.
Más vale un buen final que un buen principio.
El que tiene paciencia llega a la meta;
El orgulloso habla mucho, pero no logra nada.
Si ya enojarse es malo, guardar rencor es peor. (Proverbios 7:1-9)

¿Qué cosas son las que en verdad valen en la vida?  El predicador aquí no nos expone ante la idea de qué cosas son las que pueden dar sentido a la existencia humana, sino más bien qué cosas son las que debemos aprender a valorar como importantes.  Cuando leemos el texto es imposible evitar pensar en todo aquello que la sociedad contemporánea nos propone como bueno y valioso.  Es decir ¿es aquello que valoramos como bueno, bueno?  ¿Nuestra escala de prioridades e intereses esta ordenada de tal forma que nuestra vida puede dar buenos frutos?  ¿Todo aquello que creemos y atesoramos como importante lo es?  Normalmente no nos hacemos esta pregunta, solo asumimos que sentimos y creemos de manera correcta y nos lanzamos a la vida seguros de que todo saldrá bien y al paso del tiempo, que por cierto no es mucho, empezamos a cosechar frutos que no deseábamos y a resbalar pues no sabemos como amar, servir, educar, trabajar, perdonar, divertirnos, etc.

EL FALSO ERROR DE VIVIR DE LAS APARIENCIAS

Aparentar nunca traerá buenos frutos a la vida, al contrario es una actividad emocionalmente muy agotadora que promueve el pensamiento ezquisofrenizante.  Quien se esfuerza por mostrarse interesado por las personas  cuando no lo es siempre vivirá agotado.  Quien busca verse como alguien adinerado o influyente siempre quedará mal y será la charla de muchas sobremesas de gente que busco impresionar y no lo logro.  Quien  gasta sus emociones en mostrarse como una persona “buena” cuando en realidad guarda mucho rencor e ira,  tarde o temprano terminará explotando e hiriendo verbal, sexual o físicamente a alguien cercano.

Buscar el aplauso de los demás siempre se convertirá en una trampa que tendemos para los cercanos pero en la que sin duda el único que cae somos nosotros mismos.  En el Reino de Dios no se valora la apariencia ni se oculta el error.  Por ello la Biblia enseña que el que se desvive por ocultar sus malos hábitos, acciones, emociones y palabras de los demás nunca alcanzará lo que quiere.  Mostrarnos tal cual somos, es el primer paso para ser transformados a la imagen del Jesús.

INCAPACES PARA MADURAR

Madurar es un verbo que nunca conjugamos en la primera persona del singular.  Es una conducta que exigimos a todos menos a nosotros mismo. 

Quien evita el dolor y pretende cambiarlos por la risa fácil sin duda alguna esta condenado a repetir los mismos errores una y otra vez.  Pasamos por la vida buscando satisfacción según los estándares de nuestra generación que sin darnos cuenta nunca adquirimos el bueno habito de preguntarnos que lección necesito aprender de todo aquello que me  ha esta ocurriendo.  Vamos por la vida buscando culpable para justificar nuestra inmadurez que nunca imaginamos ni por casualidad que nosotros somos los únicos responsables del fruto de nuestro fracaso, de las acciones poco apropiadas de nuestros hijos, de la brecha que se ha abierto en nuestro matrimonio, del desamor en que nos encontramos, de la despensa vacía o de los malos resultados laborales o escolares. El esposo culpa a la esposa, el hijo al padre y el patrón al empleado, pero nadie asume responsabilidades de su fracaso.  Podemos decir que sí lo hacemos y hasta vamos a terapia para ayudarnos “a estructurar bien las cosas” pero al paso del tiempo volvemos al mismo resultado en una realidad diferente y ello muestra que no aprendimos nada y que solo buscamos culpables fuera de nosotros mismo.

TONTAMENTE SABIOS

Eclesiastés nos presenta una realidad: el orgullo nos hace creer que somos gente muy madurar pero la realidad es que nos la pasamos echando todo a perder y lastimando a quienes nos aman y valoran.

En la medida que ganamos edad, nos casamos, tenemos hijos y las canas empieza aparecer en la cabeza, empezamos a sentir que somos personas muy maduras y competentes para la vida y si a ello le agregamos un buen sueldo, el pensamiento se pondera y empezamos a desvariar con la idea que tenemos y debemos aconsejar a todo el que se nos ponga enfrente.  Sin embargo tenemos el alma llena de rencor, somos indisciplinados  y sumamente impacientes e intolerantes con quienes nos rodean.  Somos personas que  si se trata de verse,  siempre habrá una escusa para su conducta pero no así para la conducta de los demás.

Somos los primeros en explicar cual es la mejor dieta y tenemos sobrepeso. Regañamos a nuestros hijos por sus malos resultado escolares y nosotros somos rabajadores con pocos resultados.  Aconsejamos a los compañeros de trabajo sobre su matrimonio cuando el nuestro no ha terminado solo por el miedo a la soledad o  damos recomendaciones sobre salud a pesar de que siempre estaos enfermos.  Se nos olvida aquella sentencia popular que reza “calladito te ves mas bonito”

CONCLUSION

Madurar es un valor del reino de Dios y una urgencia personal.  Debemos de dejar de buscar culpables para nuestro fracaso y asumir la responsabilidad de nuestra vida.  Eclesiastés aquí nos orilla a revisar lo que hemos creído y valorado a lo largo de nuestra vida.  Nos obliga a ver hacia adentro y no al entorno.  La Palabra hoy nos enfrenta con el hecho de que en la medida que se busca la ruta fácil jamás llegaremos hacer aquellas personas que Dios desea que seamos.


Dejemos de vivir de las apariencias, dejemos de buscar siempre la risa fácil y de buscar culpables que nos exima de la responsabilidad de cambiar.  Busquemos de Dios y dejemos que El nos enseñe todos aquellos pensamiento y creencias que nos hacen mal y dejemos que su Espíritu sane nuestra alma del terrible mal que es la inmadurez y la necedad.