Mas
vale ser respetado que andar bien perfumado.
Más
vales el día que morimos que el día en que nacemos.
Mas
vale ir a un entierro que a una fiesta,
pues
nos hace bien recordar que algún día moriremos.
Más
vale llorar que reír; el llanto nos hace madurar.
En
un funeral los sabios saben como portarse, pero lo tontos sólo se ríen y hacen
chistes.
Más
vale una reprensión de sabios que una alabanza de tontos.
Qué
hueca es la risa del tonto, pronto se apaga, como la paja en el fuego.
El
sabio actúa como un tonto cuando abusa de su poder
y
acepta dinero a cambio de favores.
Más
vale un buen final que un buen principio.
El
que tiene paciencia llega a la meta;
El
orgulloso habla mucho, pero no logra nada.
Si
ya enojarse es malo, guardar rencor es peor. (Proverbios 7:1-9)
¿Qué cosas son las
que en verdad valen en la vida? El
predicador aquí no nos expone ante la idea de qué cosas son las que pueden dar
sentido a la existencia humana, sino más bien qué cosas son las que debemos
aprender a valorar como importantes.
Cuando leemos el texto es imposible evitar pensar en todo aquello que la
sociedad contemporánea nos propone como bueno y valioso. Es decir ¿es aquello que valoramos como
bueno, bueno? ¿Nuestra escala de
prioridades e intereses esta ordenada de tal forma que nuestra vida puede dar
buenos frutos? ¿Todo aquello que creemos
y atesoramos como importante lo es?
Normalmente no nos hacemos esta pregunta, solo asumimos que sentimos y
creemos de manera correcta y nos lanzamos a la vida seguros de que todo saldrá
bien y al paso del tiempo, que por cierto no es mucho, empezamos a cosechar
frutos que no deseábamos y a resbalar pues no sabemos como amar, servir,
educar, trabajar, perdonar, divertirnos, etc.
EL FALSO ERROR DE
VIVIR DE LAS APARIENCIAS
Aparentar nunca
traerá buenos frutos a la vida, al contrario es una actividad emocionalmente
muy agotadora que promueve el pensamiento ezquisofrenizante. Quien se esfuerza por mostrarse interesado
por las personas cuando no lo es siempre
vivirá agotado. Quien busca verse como
alguien adinerado o influyente siempre quedará mal y será la charla de muchas
sobremesas de gente que busco impresionar y no lo logro. Quien
gasta sus emociones en mostrarse como una persona “buena” cuando en
realidad guarda mucho rencor e ira,
tarde o temprano terminará explotando e hiriendo verbal, sexual o
físicamente a alguien cercano.
Buscar el aplauso
de los demás siempre se convertirá en una trampa que tendemos para los cercanos
pero en la que sin duda el único que cae somos nosotros mismos. En el Reino de Dios no se valora la
apariencia ni se oculta el error. Por
ello la Biblia enseña que el que se desvive por ocultar sus malos hábitos,
acciones, emociones y palabras de los demás nunca alcanzará lo que quiere. Mostrarnos tal cual somos, es el primer paso
para ser transformados a la imagen del Jesús.
INCAPACES PARA
MADURAR
Madurar es un verbo
que nunca conjugamos en la primera persona del singular. Es una conducta que exigimos a todos menos a
nosotros mismo.
Quien evita el
dolor y pretende cambiarlos por la risa fácil sin duda alguna esta condenado a
repetir los mismos errores una y otra vez.
Pasamos por la vida buscando satisfacción según los estándares de
nuestra generación que sin darnos cuenta nunca adquirimos el bueno habito de
preguntarnos que lección necesito aprender de todo aquello que me ha esta ocurriendo. Vamos por la vida buscando culpable para
justificar nuestra inmadurez que nunca imaginamos ni por casualidad que
nosotros somos los únicos responsables del fruto de nuestro fracaso, de las
acciones poco apropiadas de nuestros hijos, de la brecha que se ha abierto en
nuestro matrimonio, del desamor en que nos encontramos, de la despensa vacía o
de los malos resultados laborales o escolares. El esposo culpa a la esposa, el
hijo al padre y el patrón al empleado, pero nadie asume responsabilidades de su
fracaso. Podemos decir que sí lo hacemos
y hasta vamos a terapia para ayudarnos “a estructurar bien las cosas” pero al
paso del tiempo volvemos al mismo resultado en una realidad diferente y ello
muestra que no aprendimos nada y que solo buscamos culpables fuera de nosotros
mismo.
TONTAMENTE SABIOS
Eclesiastés nos
presenta una realidad: el orgullo nos hace creer que somos gente muy madurar
pero la realidad es que nos la pasamos echando todo a perder y lastimando a
quienes nos aman y valoran.
En la medida que
ganamos edad, nos casamos, tenemos hijos y las canas empieza aparecer en la
cabeza, empezamos a sentir que somos personas muy maduras y competentes para la
vida y si a ello le agregamos un buen sueldo, el pensamiento se pondera y
empezamos a desvariar con la idea que tenemos y debemos aconsejar a todo el que
se nos ponga enfrente. Sin embargo
tenemos el alma llena de rencor, somos indisciplinados y sumamente impacientes e intolerantes con
quienes nos rodean. Somos personas
que si se trata de verse, siempre habrá una escusa para su conducta
pero no así para la conducta de los demás.
Somos los primeros
en explicar cual es la mejor dieta y tenemos sobrepeso. Regañamos a nuestros
hijos por sus malos resultado escolares y nosotros somos rabajadores con pocos
resultados. Aconsejamos a los compañeros
de trabajo sobre su matrimonio cuando el nuestro no ha terminado solo por el
miedo a la soledad o damos
recomendaciones sobre salud a pesar de que siempre estaos enfermos. Se nos olvida aquella
sentencia popular que reza “calladito te ves mas bonito”
CONCLUSION
Madurar es un valor
del reino de Dios y una urgencia personal.
Debemos de dejar de buscar culpables para nuestro fracaso y asumir la
responsabilidad de nuestra vida.
Eclesiastés aquí nos orilla a revisar lo que hemos creído y valorado a
lo largo de nuestra vida. Nos obliga a
ver hacia adentro y no al entorno. La
Palabra hoy nos enfrenta con el hecho de que en la medida que se busca la ruta
fácil jamás llegaremos hacer aquellas personas que Dios desea que seamos.
Dejemos de vivir de
las apariencias, dejemos de buscar siempre la risa fácil y de buscar culpables
que nos exima de la responsabilidad de cambiar.
Busquemos de Dios y dejemos que El nos enseñe todos aquellos pensamiento
y creencias que nos hacen mal y dejemos que su Espíritu sane nuestra alma del
terrible mal que es la inmadurez y la necedad.
