Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así
habrá alimento en mi casa. Pruébame en esto —dice el SEÑOR
Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre
ustedes bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3:10)
"Pero en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice
Jehová el Señor, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la
tierra; allí los aceptaré, y allí demandaré vuestras ofrendas, y las primicias
de vuestros dones, con todas vuestras cosas consagradas." Ezequiel 20:40
¡Amamos ser bendecidos por Dios! No conozco a nadie que se resista a que Dios
le bendiga y le prospera. Oramos y
ayunamos para que Dios provea para nuestra necesidad y nos libre de la
escasez. Sin embargo cuando se trata de
que seamos los que nosotros demos, entonces los “peros” empiezan a salir por
nuestra boca para evitar cumplir con nuestro deber. Aun usamos textos bíblicos para argumentar
que tal cosa no es necesaria. Olvidamos
que dar es una conducta altamente valorada en el Reino de nuestro padre, por
ello hechos 20:35 afirma que hay más dicha en dar que en recibir. Sin embargo como buenos occidentales del
siglo XXI creemos que, acumular y no dar, nos hará personas prosperas y
felices. Sin duda el que no da podrá
acumular, pero tal cosa no es una bendición de Dios y por lo tanto, tarde o
temprano cosechará dolor como resultado de su conducta.
PAGUEMOS
EL DIEZMO
El diezmo no se da, se paga. No es dinero nuestro. Pensamos que sí, pero
nos engañamos a nosotros mismo. Salimos
a defender a nuestro bolsillo” argumentando que no lo hacemos porque no sabemos
en qué se gasta ese dinero, porque no estamos conformes en lo que se invierte o
porque no hay un solo texto en el nuevo testamente que demande tal acción. La realidad es una: nos duele obedecer y más
si se trata de dinero y dinero que creemos es nuestro.
Malaquías nos deja ver tres verdades sobre la
conducta de diezmar que debemos aprender:
a. TODOS. Dios demanda de nosotros diezmemos de
todo. Es decir la décima parte de todo
lo que tenemos y somos es de Dios.
Quedarnos con ella es robar y robar es un pecado que normalmente nunca
confesamos.
b. ALIMENTO. El diezmo se invierte en el
sustento de quienes ministran en la casa de Dios al resto de la familia. No es para construcción ni para adquirir
bienes. Es dinero de Dios para que
quienes sirven a la familia tengan para comer.
c. PROBAR. Diezmar es una acto de fe. La lógica dice que el cien por ciento rendirá
mejor que el noventa por ciento, pero no es así en la familia de nuestro Padre. En su Reino menos no siempre es menos y más
no siempre da seguridad.
Debemos ir cada domingo con nuestro diezmo ya
preparado y debemos asegurarnos que estamos diezmando de todo para no quedarnos
con lo que no nos pertenece. Debemos
asegurarnos de que estamos confiando en la provisión de Dios y no lo estamos
haciendo para conseguir admiración o “prosperidad” Diezmamos por obediencia aun si no hubiera
promesa para ello.
OFRENDEMOS
CON ALEGRIA
Ofrendar es un comportamiento que demuestra
gratitud. Si hay demanda sobre esto,
pero la base es la gratitud. Ofrendamos
de lo que Dios nos da. De los regalos
recibidos de su mano. De cada bendición que el provee a nuestra vida. Es decir, en tanto hijos, cada vez que
nuestro Padre nos da un regalo corremos hacia Él y entregamos una ofrenda de lo
mismo que Él nos ha regalado. Muchas
veces nos comportamos como aquellos leprosos, que después de ser sanados, se
olvidaron de quien habían recibido ese regalo.
Solo uno regreso y ofrendo por el favor recibido.
En este sentido, no ofrendamos de lo que nos sobra,
sino que desde nuestro corazón apartamos para nuestro Padre y Dios “algo” que
muestre nuestra gratitud hacia Él.
Preparamos nuestra ofrenda, nos aseguramos que sea el reflejo de nuestra
gratitud y la damos con alegría y sencillez de corazón. No buscamos ser vistos ni aplaudidos. Es un
asunto entre Dios y cada uno de nosotros.
PRIMICIAS
¿De quién es lo primero? De Dios.
No es nuestro, le pertenece a Él.
Las primeras horas del día, lo primero de nuestro dinero, lo primero de
nuestras posesiones, el primero de nuestros hijos, el primer día de cada año,
etc. Todo aquello que sea “primero” es y
le pertenece a Dios. Podemos ofrendar,
pero no de lo primero y en ello hay pecado, porque muestra a quien estamos
entronizando en nuestra vida.
Dar ofrendas de primicias deja ver quien está
sentado en el trono de nuestro corazón.
Nos recuerda que somos hijos y siervos y nos ayuda a no olvidar que todo
lo que tenemos lo hemos recibido por amor.
CONCLUYAMOS
¿Qué le estamos dando a Dios? ¿Cómo se lo damos?
¿Por qué lo hacemos? La realidad es que
Dios demanda de nosotros pagar nuestros diezmos y dar nuestra ofrenda. Podemos buscarle y argumentar un montón de
cosas pero al final, nada de ello nos eximirá del hecho de que debemos
obedecer.
Pongamos nuestra confianza en Dios y diezmemos. Paguemos nuestros diezmos de todo lo que él
nos da y ofrendemos de cada bendición recibida de su mano. Recordemos que no servimos a Dios de
“palabra” sino con hechos.
