lunes, 20 de mayo de 2013

PATERNIDAD, DISCIPLINA Y AUTOESTIMA

Disciplinar es una palabra poco popular hoy día.  Los padres no queremos tomar el compromiso de disciplinar a nuestros hijos porque nos sentimos culpables si lo hacemos, porque tenemos la idea que ser amigos de nuestros hijos es más rentable y benéfico, porque asociamos la disciplina a eventos desagradables que deben ser evitados o simplemente porque somos emocionalmente ausentes de la vida de nuestros hijos.  Cualquiera que fuese el caso, la verdad es que fallamos tanto en disciplinar a nuestros hijos como en ayudarle a construir una estima sana y funcional.
La Biblia nos enseña que ambas cosas son un compromiso ineludible y del que deberemos de dar cuentas algún día ante Dios, por lo que debemos de invertir tiempo en modificarnos y aprender a ser los padres que nuestros hijos necesitan
Es importante definir que es la disciplina y la auto estima para tener una idea correcta del compromiso que tenemos ante Dios.
1.     Disciplinar, es la acción de establecer límites y marcos de referencia en la vida que ayuden a transcurrir por ella con seguridad, así como la acción de establecer consecuencias que debe vivirse cuando esos límites no son respetado.  De tal forma que cuando se llegue a vivir independientemente no se requiera de supervisión dado que se es capaz de auto controlarse.
2.     Auto estima, es la correcta percepción de sí mismo en las diferentes etapas de la vida, lo cual nos permite ser aquello que deseamos responsablemente y alcanzar aquello que anhelamos a través de una vida orientada, comprometida y responsable.
Un niño no es capaz de alcanzar esto por sí mismo.  Necesita de sus padres para lograrlo.  Pero no cualquier padre es competente para ello.  Aquellos que ven la paternidad tan solo como el acto de engendran fracasaran en lograrlo.  Aquello que se limitan solo a ser “amigos de sus hijos” sin dudada no podrán. Los que se ven a sí mismo como “policías de lo moral” tan solo frustraran pero no ayudaran a sus hijos a vivir esta clase de vida.  Se requiere ser un padre que constantemente haga ajuste en su vida, en la percepción de su rol, que revise constantemente sus afectos y compromisos y que aprende a ver a sus hijos sanamente, para poder ser bendición en la vida de aquellos que Dios ha puesto en nuestras manos: nuestros hijos.
TIPOS DE PADRES (Hebreos 12:6) (Proverbios 3:12) (Proverbios 22:6)
El hijo nunca será diferente a sus padres.  En el fondo o en la forma pero serán una copia de la forma de vida de estos.  Es por ello que según sean los padres lo hijos serán y dado que esto es capital, debemos revisar la forma en la que somos padres, para ver de antemano mucho de lo que nuestros propios hijos serán.
1.     Padres intolerantes.  Son aquellos que consideran que su forma de vida es la correcta y que sus hijos deben desearla también.  No aceptan las diferencias y las castigan a priori.  No aceptan el error de los hijos quienes no solo son castigados por ello, sino también avergonzados. Castigan sin amor y ello solo se interpreta como agresión. Se puede ser intolerante pasivo o intolerante activo, pero el resultado siempre será el mismo, hijos violentos, inseguros de sí mismos, temerosos de la vida, abusadores de aquellos que consideran menos que ellos.  Serán aquellos jóvenes que al salir de la tutela del padre, irá tras todo aquello que se le prohibió.  Son personas que desarrollan comportamientos esquizoides o socio paticos.
2.     Padres permisivos. Son aquello que apuestan a ser “los cuates de sus hijos”  Tras la fechada de “buena onda” hay un terror al compromiso de ser padres, pues exhibe sus carencias emocionales.  Para ellos todo lo que hacen sus hijos es bueno y plausible.  Para ello disciplinar es algo impensable dado que valoran que la conducta inapropiada es producto del entorno.  Es decir, no es algo que este “en sus hijos” sino que es la influencia de sus amigos, la escuela, la sociedad, la falta de comprensión de los demás hacia los hijos, etc.  Estos padres forman hijos caprichosos, violentos, muy temerosos de los demás.  Incapaces de alcanzar sus metas y sueños dado que necesitan el apoyo de “otro” del que viven hasta que se deja.
3.     Padres ausentes.  Ya sea física, emocional o espiritualmente ausentes, son padres que no se atienden de ninguna necesidad de sus hijos. Están tan preocupados por ellos que se olvidan que tienen un compromiso con los pequeños que engendraron.  Estos padres producen hijos egocéntricos, incapaces de pensar en los demás.  Con un umbral bajo al rechazo.  Tienden a “usar” a los demás para alcanzar sus metas y tiende a defender su espacio, tiempo y recursos por sobre todas las cosas.  Solo funcionan en la vida se ocurre lo que ello desean.
4.     Padres amorosamente firmes. Pocos, pero los hay.  La mayoría no estamos en esta categoría. Sin embargo quienes viven esta realidad son padres que ponen límites a  sus hijos, saben separar la conducta de la persona, así que cuando castigan lo hacen hacia la conducta y no desaprueban al niño que se ha comportado mal.  Saben dar disciplina y supervisar.  No evitan a los hijos las consecuencias de sus acciones, pero están a su lado cuando estos tienen que vivirlas.  Estos padres forman jóvenes seguros, confiados, de carácter firme, con valores. No perfectos, pero si personas que saben aceptar sus errores y asumir sus consecuencias.  Dios es esta clase de padre y espera de nosotros lo mismo.
DICIPLINA LA INVERSION CORRECTA (Proverbios 29:17, 19:18, 13:24 y 29:15)
Un padre que no disciplina, supervisa y castiga, NO AMA A SU HIJO.  Esta es una verdad en cualquier sociedad y en cualquier época.  Paternidad y disciplina van de la mano y quien opine lo contrario tendría que refutar más de diez mil años de historia humana.  Tener una buena comunicación con los hijos no esta peleado con la demanda del Reino de Dios de disciplinarlos y ser aquellos que supervisemos que los limites se respeten.
1.     La disciplina marca el camino (Proverbios  22:6)
a.     Instruye
                                          i.     La palabra hebrea que se traduce “instruye” quiere decir “dedicar,” o “consagrar.” Se la usa sólo cuatro veces en el Antiguo Testamento, tres veces en referencia a la dedicación de un edificio, y una vez en referencia a un niño, en Proverbios 22:6. En varios de los lenguajes semitas brota de un término relativo al paladar o a las encías. Un verbo árabe, muy próximo a esta palabra, describe la costumbre de la partera de mojar su dedo en jugo de dátiles exprimidos a fin de masajear el paladar y encías del recién nacido. Esto estimula el instinto del bebé a chupar, de manera que se le pueda dar de lactar lo más pronto posible. En otras palabras, estimula las encías del bebé a fin de promover el comportamiento que beneficiará al niño. Con destreza y sabiduría utiliza el instinto natural del bebé para guiarle a lo que es mejor para él mismo. 
                                         ii.    La mejor instrucción paterna se logra cuando optamos por la inspiración en vez de la coacción. Hacemos esto al descubrir los deseos naturales y capacidades singulares del niño o niña, y promoviendo la conducta que le permita desarrollarse según eso.
b.    En su camino 
                                          i.    Esta es probablemente la expresión más debatida del proverbio. El hebreo es muy sencillo: “de acuerdo a su camino” o, incluso más textualmente, “en la boca de su camino” (allí está la imagen de la boca de nuevo), pero traducirlo tal vez no sea tan sencillo. Como ya se dijo arriba, algunos aducen que el libro de Proverbios sugiere sólo dos caminos en que la persona puede ir: el camino del sabio y el camino del necio. En un sentido muy amplio, tienen razón. Pero el uso diestro del lenguaje por parte del escritor nos dice que su consejo va mucho más allá de lo obvio. 
                                         ii.    La palabra hebrea clave en la frase es la que se traduce “camino.” Puede referirse a un camino literal, como una carretera, o puede ser menos literal y referirse a la manera en que algo actúa, como por ejemplo en Proverbios 30:18-19:
                                        iii.    Tres cosas me son ocultas;
1.     Aun tampoco sé la cuarta:
2.     El rastro del águila en el aire;
3.     El rastro de la culebra sobre la peña;
4.     El rastro de la nave en medio del mar;
5.     Y el rastro del hombre en la doncella. 
                                        iv.    Aquí la palabra hebrea se traduce “rastro,” y se refiere a una manera característica. Debemos instruir al hijo de acuerdo a su manera característica. Algunos se inclinan por lo artístico, otros por lo atlético y otros por lo académico. Algunos tienen voluntad fuerte y otros son más sumisos. A un hijo se le puede animar con recompensas o reconocimiento, en tanto que a otro eso no puede importarle menos. 
                                         v.    Mire la riqueza de imágenes y sabiduría que se empaca en un solo proverbio. “Instruir” exige una relación en la cual el padre y el hijo se dedican a un propósito compartido, con todos los privilegios y responsabilidades que lo acompañan. El padre halla maneras de animar una conducta que alegra a todos y satisface las necesidades más hondas del hijo o hija. Incluye guiar un espíritu indómito a fin de darle propósito y dirección. 
2.     La disciplina es una cara del amor
a.     Disciplinar no es violentar.  El gran problema de la disciplina es que quienes estamos en el rol de disciplinar no somos disciplinados y terminamos haciendo todo menos disciplinar.  Dios es un dios de disciplina, comprometido con sus hijos, dispuesto siempre a jugar el rol de padre responsable y comprometido.
b.    El amor nos deja ver el amor.  Un padre que sabe jugar su rol y le da a la disciplina el valor que debe tener en la vida, seguramente formará hijos competentes para la vida.  Personas que podrán enfrentar la soledad, el rechazo, la frustración y serán capaz de auto controlarse.
3.     Disciplina  o es agresión.
a.     Quien agrede no disciplina. La agresión es la forma por la cual mostramos el desprecio y la desaprobación hacia la persona.  La agresión desaprueba a la persona, la disciplina desaprueba la conducta no al ser humano.
b.    La disciplina transcurre en la aceptación y el amor. No lastima, no ridiculiza, no destruye.
EL MIEDO AL ERROR
El problema más grande que los padre hoy día es su temor a equivocarse y por lo tanto, terminamos siendo todo menos padres de nuestros hijos y ello en si mismo ya es violencia.  Es decir padre que no juaga el rol de padre de sus hijos y solo se conforma con ser su amigo, los violenta.
Hoy sufrimos con el hecho de “estar haciendo lo correcto y ello nos paraliza.  Terminamos sufriendo nuestra paternidad y vivimos con un sin número de sentimientos de culpa.  No corregimos ni cambiamos, solo nos sentimos mal y nuestros hijos sienten esta realidad y terminan sintiéndose inseguros, viviendo en la creencia que nadie los puede guiar y menos preciando nuestro actuar.
La peor equivocación que el padre contemporáneo vive es ser padres con miedo a equivocarse y sentirse culpable cuando ello ocurre.  No se hacen ajustes en el camino, solo se le agrega mas culpa y mas miedo a nuestro actuar.
ARQUITECTOS DE ESTIMA
Auto estima tiene que ver con la habilidad para vivir. Con el plus que un padre pone en la vida de su hijo, es la acción de vivir consciente de quien se es, asumiendo compromisos reales con la vida, llegando a metas y enfrentando los errores sin ocultarlo a fin de hacer los ajustes necesarios para no regresar al mismo lugar a repetir la historia.
Un padre debe entender que el trabajo de fondo es no es llevar a su hijo a la escuela, o buscar esposo a la hija, sino el de ayudar a sus hijos a ser responsable de sí mismos a fin de que no sean dependientes de otros o necesiten dolor para poder vivir.  Un padre invierte su tiempo en ello y cualquier otra tarea es adicional a esta.
Dios nos demanda vivir nuestra paternidad no  solo entendiendo que no es un juego, sino asumiendo el rol en su totalidad.  Dios nos demanda amar a nuestro hijos para que crezcan sintiéndose respetado y valorados, pero al mismo tiempo, siendo corregidos y disciplinados a fin de que en su juventud puedan a auto controlarse.  La biblia lo define con el acto de guiar en el camino para que en la adultez se viva en seguridad. Hay mucho que debemos de corregir de la forma en que asumimos la paternidad.  Debemos reconocer que hemos pecado en contra de nuestros hijos y con ello le hemos hecho la vida más complicada dado que, no les hemos provisto de las herramientas correctas para enfrentar la vida.
Dios es el único que nos puede cambiar, no solo como personas sino también como padres.  El si sabe ser padre y nos quiere instruir en ello a fin de ser lo que nuestros hijos necesitan y así poder educar a una generación libre y consciente de su compromiso ante la vida y ante Dios.

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