lunes, 27 de mayo de 2013

DINAMICA DE LA PATERNIDAD



Salmo 127


El modelo de familia ha cambiado en las últimas décadas. En parte porque la forma de vivir a cambiado también y en parte también porque quienes mantiene el control de la sociedad encuentra conveniente que la idea de familia sea diferente a fin de promover una sociedad más enferma emocionalmente.  Cualquiera que sea la razón de fondo, la verdad es que nos han tocado vivir tiempo en los que se requiere replantearnos a través de la Palabra de Dios revelada, como ser padres y como abordar las necesidades de nuestros hijos.  Hoy día a diferencia de antaño, se requiere de los padres ya de familias integradas o no, tener conciencia de su rol, de la sociedad en que viven sus hijos y de las necesidades de esto a nivel emocional y espiritual.

Replanteando el rol de ser padres
La paternidad es un rol que pocas ves revisamos su eficacia.  Asumimos que hacer lo que nuestros padres hicieron con nosotros es suficiente para nuestros hijos.  En el mejor de los casos nos sentimos culpables por la falta de resultados positivos de nuestro trabajo como padres.  Sufrimos y nos lamentamos al ver a nuestros hijos fracasar en sus materias escolares, cuando no están funcionando en la vida, cuando no pueden encontrar empleo o permanecer en el, cuando eligen mal sus amistades o parejas, cuando fracasan en su relación marital o viven preso de las adicciones o sus propias mentiras, sin embargo aun y a pesar de ello, seguimos en la misma ruta y hacemos pocos cambios.
1.       Replanteando el concepto de padre o madre.  ¿Cómo define Dios la paternidad?  La realidad es que la biblia no define que es ser padre, sin embargo la Palabra nos deja entrever lo que Dios piensa y espera de los padres. La voz hebrea ʼav, que se traduce “padre”, es una palabra onomatopéyica derivada de los primeros sonidos emitidos por un niño. El término hebreo ʼav y el griego pa·ter se usan con varios sentidos: como progenitor (Pr 23:22; Zac 13:3; Lu 1:67), cabeza de una casa o familia ancestral (Gé 24:40; Éx 6:14), antepasado (Gé 28:13; Jn 8:53), originador de una nación (Mt 3:9), fundador de una clase o profesión (Gé 4:20, 21), protector (Job 29:16; Sl 68:5), originador de algo (Job 38:28) y como expresión de respeto (2Re 5:13; Hch 7:2).  En este sentido, el rol de padre comienza con el acto de engendrar, pero trasciende mucho mas pasando por el acto de liderar, proteger y promover la competencia para la vida.  Normalmente resumimos la paternidad a la provisión, pero la demanda de Dios es que asumamos el rol más allá de esa actividad y nos convirtamos en los ejemplos y lideres de nuestros hijos, así como aquellos que cuidan de la vida de sus hijos en cada uno de sus etapas. No se deja de ser padre cuando el chico o la chica se titulan o se casan.
2.       Priorizando correctamente: espiritualidad, sanidad emocional, salud física y competencia para la vida. (Prv. 22:6).  En base a lo descrito en el inciso anterior, debemos entonces de priorizar correctamente nuestras acciones como padres. La Palabra nos muestra un orden lógico desde la perspectiva de Dios: (a). Espiritualidad. Padre que descuida a su hijo en cómo este construye su relación con Dios se lamentará al paso de los años al ver que este se aleja de su creador y con ello pierde por completo la oportunidad de ser feliz y competente en la vida .No se trata de formar personas religiosas, sino amigos de Dios. (b). Sanidad emocional. Desatender el desarrollo emocional de los hijos (capacidad de enfrentar sus emociones eficazmente, valores, competencia para amar, etc.) es encadenarlos al fracaso profesional, matrimonial y familiar. (c). Salud física. No cuidar la salud física de los hijos es  cortar sus días sobre la tierra y (d). Competentes. Olvidar hacer a nuestros hijos competentes en la vida, es permitir que otros tengan ventajas sobre ellos.

En este sentido, debemos darnos cuenta que mucho de lo que hacemos al corregir a nuestros hijos es un esfuerzo inútil dado que señalamos las pequeñeces de la vida o sol los agredimos.  Por lo anterior podemos con facilidad concluir que la palabra clave en todo esto es DISCIPLINA, es decir, disciplinamos cuando conducimos en la dirección correcta y en el propósito correcto (Prv. 29:15 y 3:12)  El padre debe tener claro hacia donde debe ir la vida del hijo y disciplinarlo para que tenga las herramientas necesarias para llegar hasta ahí.  Proveer no ayuda mucho en ello, consecuentar arruina la vida, agredir destruye (Ef.6:4)

Un padre debe invertir su tiempo en preparar a sus hijos para el tiempo en que les tocará ser adultos.  Es inútil trabajar pensando en lo que a nosotros nos toco enfrentar cuando fuimos jóvenes.  Ellos tendrán que ser novios en una realidad en donde la actividad sexual es el pan nuestro de cada día, tendrán que ser fieles a sus conyugues en donde la infidelidad no requiere de un lugar apartado, oscuro o escondido, solo basta un conexión a la red o un Smartphone, tendrán que vivir su masculinidad o femineidad cuando los roles están siendo trastocado y los valores están en plena trasformación. Deberán de ser profesionales en n mercado laboral estresante, mucho más demandante y corrupto.  Es deber entonces de los padres darnos cuenta que educamos para una realidad que no entendemos pero que será una realidad para nuestros hijos y por lo tanto debemos revisar si la forma en que somos padres será benéfica o dañina para nuestros hijos.

Padres en casa
El propósito de Dios es que la familia se mantenga unida y funcional. Si esto se construye la paternidad puede desarrollarse en la vía creada para ello: La Familia.   Los padres en casa deben aprovechar la cercanía fisca con sus hijos, a fin de maximizar el tiempo juntos mostrándoles cómo se vive y como se vive bien.  Hay familias que permanecen juntas como cumpliendo “una manda” pero no funcionan y aunque cohabitan en la misma casa están emocional y físicamente distantes.  Esto es terrible, más terrible aun que el divorcio, pues están enseñando cada día valores equivocados y creencias falsas sobre la familia y las relaciones de pareja.  Si se está en casa se debe procurar y trabajar para que la familia funcione y provea a los hijos de un espacio sano para aprender a vivir.  Es por ello que los padres en casa deben de enfocarse en trabajar cada día los aspectos mencionados anteriormente: espiritualidad, sanidad emocional, salud física y competencia para la vida. (Prv. 22:6).  Se debe trabajar para que la pareja muestre ejemplos sanos de amor, compromiso, lealtad, fidelidad, compasión, ayuda, apoyo, respeto, tolerancia, compromiso, disciplina, sujeción, rendición de cuentas, etc.
1.       Se debe tomar tiempo para pasar tiempo juntos haciendo cosas divertidas para todos.
2.       Se debe buscar tiempo para pasar juntos adorando u buscando a Dios de una manera relajada y no ritualista.
3.       Se debe establecer imites claros en la familia y enseñar a los hijos a valorar los limites.
4.       Se debe disciplinar en amor cuando se necesite.
5.       Se debe invertir tiempo en rendir cuentas.
6.       Se debe de mantener la cercanía física y emocional.
7.       Se debe de trabajar en una comunicación sincera y veraz.

Padres de fin de semana
El divorcio no es el plan de Dios para las familias, como tampoco lo es las agresiones verbales, ni el distanciamiento emocional de la pareja, ni la apariencia al vivir bajo el mismo techo pero separados, etc.  Es por la dureza de nuestro corazón que Dios lo permite, sin que ello quiera decir que lo promueva. (Mt.19:8)  Los padres divorciados tenemos las mismas exigencias que aquellos que permanecen juntos en cuanto a la criancita de nuestros hijos, solo que le hemos puesto al asunto un obstáculo más: la distancia física.
El trabajo fundamental de un padre “de fin de semana” no es el de hacer creer a los hijos a través de expresiones, sentencias verbales o gesticulares, que su madre o padre están mal y tratar se robarlos emocionalmente.  Ello daña a los chicos más que al ex conyugue.  Su verdadera tarea es la de hacer sentir a sus hijos que no los ha abandonado. Debe ser claro (Ef.4:25) que termino con la relación “porque no fue capaz de hacer que funcionara” pero que no les dejara a su suerte y que no competirá con quien en un tiempo fue su esposo o esposa.  Sobre esta base debe de construir una relación tal y como se menciona en el apartado anterior.
Los padres divorciados pasan mucho tiempo compitiendo entre sí por ganar el amor de los hijos o ser el más importante en la vida de sus hijos, pero ello no es de Dios.  Olvidan las necesidades básicas de sus hijos y se convierten en padres complacientes, permisivos, que forman hijos que hedonistas, poco tolerantes al rol, chantajistas, convenencieros, que no aceptan la corrección y en algunos casos donde los hijos son varones, les hacen ser misóginos. (Ex.20:12)

Abordando necesidades
El padre que desconoce las necesidades de sus hijos, está muy lejos de ser padre.  En el mejor de los casos es un proveedor pero no un padre.  En cada etapa de la vida los seres humanos tenemos necesidades especificas que deben ser atendidas eficientemente y es deber de los padres proveerles esto a sus hijos.
1.       Necesidades de un bebe
a.       Atención: soy especial
b.      Protección: valgo
c.       Provisión: importo
d.      Contacto físico: me quieren
2.       Necesidades de un niño.
a.       en esta etapa se desarrolla la capacidad de amar y generalmente, lo que aprenden en este periodo determina parte de su forma de relacionarse con otros afectivamente en el futuro. Por lo que el ser RESPETADOS, reconociendo y acogiendo sus estados emocionales es fundamental. Respetar sus gustos e intereses aunque no coincidan con los nuestros (podemos escuchar atentamente sus historias de peleas en el recreo o su música). Es importante que reciban los siguientes mensajes: “tu puedes amar y ser amado”, “el cometer errores te ayuda a aprender a vivir”, “es importante expresar las emociones”. Por lo tanto, se debe demostrar la incondicionalidad del afecto (mencionar frases como “te quiero a pesar de que te portes mal o saques malas notas”, “aunque te equivoques puedes intentarlo de nuevo”). Es importante reconocer aspectos positivos, es decir ser VALORADOS (por ejemplo, determinar para que actividad es bueno y decírselo: “eres muy bueno para el deporte, “eres buen compañero”, “te gusta escuchar a tus amigos, eso es muy bueno”). Aquí es importante que padres ayuden a descubrir potencialidades que el niño puede no percibir.
3.       Necesidades de un joven.
a.       Respeto a la individualidad
b.      Respeto a la diferencia
c.       Corrección y guía
d.      Apoyo para comenzar la vida solo
4.       Necesidades de un adulto.
a.       Alternativas de acción
b.      Ser escuchado
c.       Compañía

Sin importar la etapa en que nos encontremos todos necesitamos de nuestros padres para resolverlas.  Los padres siempre estamos en la posición de dar y los hijos en las de recibir.

Conclusión.
Mientras no revisemos nuestro actuar como padres, será muy difícil que podamos ayudar a nuestros hijos en la construcción sana de sus vidas.  No se trata de resolverle todo o ser “buena onda con ellos”  a veces hay que ser duros pues eso es lo que ellos requieren en ese momento para poder salir adelante en la vida.
Solo en Dios podemos hacer una revisión seria de cómo estamos construyendo nuestra paternidad y solo por el podremos darnos cuenta en que estamos fallando.  Volvámonos a Dios y pidámosle que nos guie en la encomienda que el nos ayude.


lunes, 20 de mayo de 2013

PATERNIDAD, DISCIPLINA Y AUTOESTIMA

Disciplinar es una palabra poco popular hoy día.  Los padres no queremos tomar el compromiso de disciplinar a nuestros hijos porque nos sentimos culpables si lo hacemos, porque tenemos la idea que ser amigos de nuestros hijos es más rentable y benéfico, porque asociamos la disciplina a eventos desagradables que deben ser evitados o simplemente porque somos emocionalmente ausentes de la vida de nuestros hijos.  Cualquiera que fuese el caso, la verdad es que fallamos tanto en disciplinar a nuestros hijos como en ayudarle a construir una estima sana y funcional.
La Biblia nos enseña que ambas cosas son un compromiso ineludible y del que deberemos de dar cuentas algún día ante Dios, por lo que debemos de invertir tiempo en modificarnos y aprender a ser los padres que nuestros hijos necesitan
Es importante definir que es la disciplina y la auto estima para tener una idea correcta del compromiso que tenemos ante Dios.
1.     Disciplinar, es la acción de establecer límites y marcos de referencia en la vida que ayuden a transcurrir por ella con seguridad, así como la acción de establecer consecuencias que debe vivirse cuando esos límites no son respetado.  De tal forma que cuando se llegue a vivir independientemente no se requiera de supervisión dado que se es capaz de auto controlarse.
2.     Auto estima, es la correcta percepción de sí mismo en las diferentes etapas de la vida, lo cual nos permite ser aquello que deseamos responsablemente y alcanzar aquello que anhelamos a través de una vida orientada, comprometida y responsable.
Un niño no es capaz de alcanzar esto por sí mismo.  Necesita de sus padres para lograrlo.  Pero no cualquier padre es competente para ello.  Aquellos que ven la paternidad tan solo como el acto de engendran fracasaran en lograrlo.  Aquello que se limitan solo a ser “amigos de sus hijos” sin dudada no podrán. Los que se ven a sí mismo como “policías de lo moral” tan solo frustraran pero no ayudaran a sus hijos a vivir esta clase de vida.  Se requiere ser un padre que constantemente haga ajuste en su vida, en la percepción de su rol, que revise constantemente sus afectos y compromisos y que aprende a ver a sus hijos sanamente, para poder ser bendición en la vida de aquellos que Dios ha puesto en nuestras manos: nuestros hijos.
TIPOS DE PADRES (Hebreos 12:6) (Proverbios 3:12) (Proverbios 22:6)
El hijo nunca será diferente a sus padres.  En el fondo o en la forma pero serán una copia de la forma de vida de estos.  Es por ello que según sean los padres lo hijos serán y dado que esto es capital, debemos revisar la forma en la que somos padres, para ver de antemano mucho de lo que nuestros propios hijos serán.
1.     Padres intolerantes.  Son aquellos que consideran que su forma de vida es la correcta y que sus hijos deben desearla también.  No aceptan las diferencias y las castigan a priori.  No aceptan el error de los hijos quienes no solo son castigados por ello, sino también avergonzados. Castigan sin amor y ello solo se interpreta como agresión. Se puede ser intolerante pasivo o intolerante activo, pero el resultado siempre será el mismo, hijos violentos, inseguros de sí mismos, temerosos de la vida, abusadores de aquellos que consideran menos que ellos.  Serán aquellos jóvenes que al salir de la tutela del padre, irá tras todo aquello que se le prohibió.  Son personas que desarrollan comportamientos esquizoides o socio paticos.
2.     Padres permisivos. Son aquello que apuestan a ser “los cuates de sus hijos”  Tras la fechada de “buena onda” hay un terror al compromiso de ser padres, pues exhibe sus carencias emocionales.  Para ellos todo lo que hacen sus hijos es bueno y plausible.  Para ello disciplinar es algo impensable dado que valoran que la conducta inapropiada es producto del entorno.  Es decir, no es algo que este “en sus hijos” sino que es la influencia de sus amigos, la escuela, la sociedad, la falta de comprensión de los demás hacia los hijos, etc.  Estos padres forman hijos caprichosos, violentos, muy temerosos de los demás.  Incapaces de alcanzar sus metas y sueños dado que necesitan el apoyo de “otro” del que viven hasta que se deja.
3.     Padres ausentes.  Ya sea física, emocional o espiritualmente ausentes, son padres que no se atienden de ninguna necesidad de sus hijos. Están tan preocupados por ellos que se olvidan que tienen un compromiso con los pequeños que engendraron.  Estos padres producen hijos egocéntricos, incapaces de pensar en los demás.  Con un umbral bajo al rechazo.  Tienden a “usar” a los demás para alcanzar sus metas y tiende a defender su espacio, tiempo y recursos por sobre todas las cosas.  Solo funcionan en la vida se ocurre lo que ello desean.
4.     Padres amorosamente firmes. Pocos, pero los hay.  La mayoría no estamos en esta categoría. Sin embargo quienes viven esta realidad son padres que ponen límites a  sus hijos, saben separar la conducta de la persona, así que cuando castigan lo hacen hacia la conducta y no desaprueban al niño que se ha comportado mal.  Saben dar disciplina y supervisar.  No evitan a los hijos las consecuencias de sus acciones, pero están a su lado cuando estos tienen que vivirlas.  Estos padres forman jóvenes seguros, confiados, de carácter firme, con valores. No perfectos, pero si personas que saben aceptar sus errores y asumir sus consecuencias.  Dios es esta clase de padre y espera de nosotros lo mismo.
DICIPLINA LA INVERSION CORRECTA (Proverbios 29:17, 19:18, 13:24 y 29:15)
Un padre que no disciplina, supervisa y castiga, NO AMA A SU HIJO.  Esta es una verdad en cualquier sociedad y en cualquier época.  Paternidad y disciplina van de la mano y quien opine lo contrario tendría que refutar más de diez mil años de historia humana.  Tener una buena comunicación con los hijos no esta peleado con la demanda del Reino de Dios de disciplinarlos y ser aquellos que supervisemos que los limites se respeten.
1.     La disciplina marca el camino (Proverbios  22:6)
a.     Instruye
                                          i.     La palabra hebrea que se traduce “instruye” quiere decir “dedicar,” o “consagrar.” Se la usa sólo cuatro veces en el Antiguo Testamento, tres veces en referencia a la dedicación de un edificio, y una vez en referencia a un niño, en Proverbios 22:6. En varios de los lenguajes semitas brota de un término relativo al paladar o a las encías. Un verbo árabe, muy próximo a esta palabra, describe la costumbre de la partera de mojar su dedo en jugo de dátiles exprimidos a fin de masajear el paladar y encías del recién nacido. Esto estimula el instinto del bebé a chupar, de manera que se le pueda dar de lactar lo más pronto posible. En otras palabras, estimula las encías del bebé a fin de promover el comportamiento que beneficiará al niño. Con destreza y sabiduría utiliza el instinto natural del bebé para guiarle a lo que es mejor para él mismo. 
                                         ii.    La mejor instrucción paterna se logra cuando optamos por la inspiración en vez de la coacción. Hacemos esto al descubrir los deseos naturales y capacidades singulares del niño o niña, y promoviendo la conducta que le permita desarrollarse según eso.
b.    En su camino 
                                          i.    Esta es probablemente la expresión más debatida del proverbio. El hebreo es muy sencillo: “de acuerdo a su camino” o, incluso más textualmente, “en la boca de su camino” (allí está la imagen de la boca de nuevo), pero traducirlo tal vez no sea tan sencillo. Como ya se dijo arriba, algunos aducen que el libro de Proverbios sugiere sólo dos caminos en que la persona puede ir: el camino del sabio y el camino del necio. En un sentido muy amplio, tienen razón. Pero el uso diestro del lenguaje por parte del escritor nos dice que su consejo va mucho más allá de lo obvio. 
                                         ii.    La palabra hebrea clave en la frase es la que se traduce “camino.” Puede referirse a un camino literal, como una carretera, o puede ser menos literal y referirse a la manera en que algo actúa, como por ejemplo en Proverbios 30:18-19:
                                        iii.    Tres cosas me son ocultas;
1.     Aun tampoco sé la cuarta:
2.     El rastro del águila en el aire;
3.     El rastro de la culebra sobre la peña;
4.     El rastro de la nave en medio del mar;
5.     Y el rastro del hombre en la doncella. 
                                        iv.    Aquí la palabra hebrea se traduce “rastro,” y se refiere a una manera característica. Debemos instruir al hijo de acuerdo a su manera característica. Algunos se inclinan por lo artístico, otros por lo atlético y otros por lo académico. Algunos tienen voluntad fuerte y otros son más sumisos. A un hijo se le puede animar con recompensas o reconocimiento, en tanto que a otro eso no puede importarle menos. 
                                         v.    Mire la riqueza de imágenes y sabiduría que se empaca en un solo proverbio. “Instruir” exige una relación en la cual el padre y el hijo se dedican a un propósito compartido, con todos los privilegios y responsabilidades que lo acompañan. El padre halla maneras de animar una conducta que alegra a todos y satisface las necesidades más hondas del hijo o hija. Incluye guiar un espíritu indómito a fin de darle propósito y dirección. 
2.     La disciplina es una cara del amor
a.     Disciplinar no es violentar.  El gran problema de la disciplina es que quienes estamos en el rol de disciplinar no somos disciplinados y terminamos haciendo todo menos disciplinar.  Dios es un dios de disciplina, comprometido con sus hijos, dispuesto siempre a jugar el rol de padre responsable y comprometido.
b.    El amor nos deja ver el amor.  Un padre que sabe jugar su rol y le da a la disciplina el valor que debe tener en la vida, seguramente formará hijos competentes para la vida.  Personas que podrán enfrentar la soledad, el rechazo, la frustración y serán capaz de auto controlarse.
3.     Disciplina  o es agresión.
a.     Quien agrede no disciplina. La agresión es la forma por la cual mostramos el desprecio y la desaprobación hacia la persona.  La agresión desaprueba a la persona, la disciplina desaprueba la conducta no al ser humano.
b.    La disciplina transcurre en la aceptación y el amor. No lastima, no ridiculiza, no destruye.
EL MIEDO AL ERROR
El problema más grande que los padre hoy día es su temor a equivocarse y por lo tanto, terminamos siendo todo menos padres de nuestros hijos y ello en si mismo ya es violencia.  Es decir padre que no juaga el rol de padre de sus hijos y solo se conforma con ser su amigo, los violenta.
Hoy sufrimos con el hecho de “estar haciendo lo correcto y ello nos paraliza.  Terminamos sufriendo nuestra paternidad y vivimos con un sin número de sentimientos de culpa.  No corregimos ni cambiamos, solo nos sentimos mal y nuestros hijos sienten esta realidad y terminan sintiéndose inseguros, viviendo en la creencia que nadie los puede guiar y menos preciando nuestro actuar.
La peor equivocación que el padre contemporáneo vive es ser padres con miedo a equivocarse y sentirse culpable cuando ello ocurre.  No se hacen ajustes en el camino, solo se le agrega mas culpa y mas miedo a nuestro actuar.
ARQUITECTOS DE ESTIMA
Auto estima tiene que ver con la habilidad para vivir. Con el plus que un padre pone en la vida de su hijo, es la acción de vivir consciente de quien se es, asumiendo compromisos reales con la vida, llegando a metas y enfrentando los errores sin ocultarlo a fin de hacer los ajustes necesarios para no regresar al mismo lugar a repetir la historia.
Un padre debe entender que el trabajo de fondo es no es llevar a su hijo a la escuela, o buscar esposo a la hija, sino el de ayudar a sus hijos a ser responsable de sí mismos a fin de que no sean dependientes de otros o necesiten dolor para poder vivir.  Un padre invierte su tiempo en ello y cualquier otra tarea es adicional a esta.
Dios nos demanda vivir nuestra paternidad no  solo entendiendo que no es un juego, sino asumiendo el rol en su totalidad.  Dios nos demanda amar a nuestro hijos para que crezcan sintiéndose respetado y valorados, pero al mismo tiempo, siendo corregidos y disciplinados a fin de que en su juventud puedan a auto controlarse.  La biblia lo define con el acto de guiar en el camino para que en la adultez se viva en seguridad. Hay mucho que debemos de corregir de la forma en que asumimos la paternidad.  Debemos reconocer que hemos pecado en contra de nuestros hijos y con ello le hemos hecho la vida más complicada dado que, no les hemos provisto de las herramientas correctas para enfrentar la vida.
Dios es el único que nos puede cambiar, no solo como personas sino también como padres.  El si sabe ser padre y nos quiere instruir en ello a fin de ser lo que nuestros hijos necesitan y así poder educar a una generación libre y consciente de su compromiso ante la vida y ante Dios.

sábado, 11 de mayo de 2013

LA CARRERA

Ser padres es quizá la terea más difícil de la vida.  Es difícil porque aprendimos a verla mal, a desearla por razones equivocadas y porque los parámetros siempre indican dirección y medidas poco fiables.  Aprendemos a ser padres, viendo a los nuestros serlo con nosotros, lo cual no siempre es bueno.  La sociedad, a lo largo de la vida nos presenta alternativas de modelos tales como Don Fernando Soler, en su papel de padre en la cinta “La oveja negra” de 1949;  Don Ramón (1976), Homero Simpson (1986) o Ludovico peluche (2005), alguno de ellos muy divertidos para pasar un rato, pero muy poco hábiles en la tarea de educar sanamente.  En medio de todo este remolino de malos ejemplos e ideas falsas para educar hijos, Dios tiene la respuesta y la verdad en su Palabra: “Instruye al niño en su carrera y aun cuando fuera viejo no se apartará de ella”
En esta serie de sermones, revisaremos lo que significa ser padres, la demanda del reino de Dios a quienes son padres, las diferentes estepas de la construcción de la paternidad y el desafío que cada hijo presenta a sus padres para poder ser educado.  Hoy que es el prologo, revisaremos como se define en el Reino de Dios la paternidad.
LA DEMANDA DE SER PADRES
Ser padres es una bendición, es un compromiso, pero también es una vocación.  Adán y Eva fueron llamados a serlo: “Fructificad y multiplicaos”  Es una bendición en tanto los hijos con “herencia” de Dios (Salmo 127:3), son compromiso porque es deber del padre educarlos y guiarlos (Proverbios 22:6) y es una vocación pues fuimos llamados a ello (Génesis 1:28).
Dios nos bendice con la paternidad, nos da el compromiso de educar hijos y nos ha llamado a ello, pero en todo esto hay una verdad: Debemos de hacerlo bien.  Procrear  es fácil, aun divertido y placentero, pero educar requiere de esfuerzo, es a veces frustrante, genera inquietud, quita el sueño durante muchas noches, demanda inversión de tiempo y dinero y ocupara hasta el último de nuestra vida.
A veces anhelamos ser padres, de jóvenes deseamos y soñamos con nuestra propia familia y se convierte ello en un seño que pretendemos lograr enamorándonos, enamorando y casándonos.  Vemos el hecho como “algo bonito” y no entendemos la magnitud del evento, y aun hay quienes siendo ya padres no podemos medir el impacto que trae consigo procrear y terminamos siendo en el mejor del caso “amigos” o “cuates” de nuestros hijos pero en muchos otros ausente emocionales o físicos.
El día en que demos cuentas a Dios por nuestra vida, ese día también se nos demandara la explicación de cómo fuimos padres y que hicimos con la vida de nuestros hijos.
LA DEMANDA DE EDUCAR
Instruir es la acción de enseñar, adoctrinar, capacitar.  Etimológicamente significa juntar hacia adentro.  Dios nos ha llamado a instruir a nuestros hijos.  La vocación no se limita a la procreación se trata de “agregar valor a la vida”  Es decir, que el acto de respirar, reír, jugar, discutir, bailar, divertirse, amar, etc. Sean útiles y trascienda a lo eterno.  Esta no es una tarea que podemos asignar a la SEP.  Ello es obligación de los padres quienes de hecho lo hacemos pero muy inconscientemente, por lo que ignoramos lo que mostramos de la vida a nuestros hijos, y no es hasta que vemos los frutos (indisciplina, malas notas en la escuela, incapacidad para conseguir trabajos o prosperar profesionalmente, divorcios, infidelidades, promiscuidad, etc.).
Debemos aprender a educar con consciencia. De lo que pretendemos lograr y hacia donde queremos que los chicos vayan.  No es tarea fácil, pues hay que luchar con el carácter, temperamento y preferencias de ellos, pero es mejor que dar golpes de ciegos y llegar a cualquier logar sin haber deseado estar ahí. (Salmo 127:4).
Educamos al vivir y ello jamás lo debemos perder de vista.  Los chichos no ponen atención a lo que decimos, sino a lo que hacemos y sentimos.
LA DEMANDA DEL EJEMPLO
La escritura dice que somos “como libros abiertos”   Esto significa que no hay forma de esconder la verdad de la vida a las personas que nos rodean y entre más tiempo pasan a nuestro lado o más cerca están de nosotros mas pueden ver de nuestra vida. A los ojos de nuestros hijos muy poco se escapa y lo que no pueden ver es percibido en su emoción.  Ellos saben bien quienes somos.  A los vecinos, amigos, compañeros de trabajo y familiares lejanos podemos “chamaquear” pero nuestros hijos saben nuestra verdad y la saben bien.  Tan bien que la integran a su vida y con el tiempo emitirán comportamientos similares a los nuestros.  Muy difícilmente un hijo que vio nuestro dolor camine por una ruta diferente. La razón es simple: nuestra vida es su parámetro y la verdad con la que construye la suya.  Es decir ejemplo es todo aquello que nos sirve para modelar una realidad similar y en ese sentido nuestra vida es ejemplo para los chicos que Dios nos ha dado como hijos.
Tenemos que tomar conciencia de que clase de ejemplo estamos dando a nuestros hijos en asuntos tales como: amar, priorizar, servir, valorar a las personas, enfrentar el estrés, vivir en enfermedad, enfrentar el comportamiento adictivo, etc.
Si somos padres debemos de darnos cuenta el compromiso que tenemos en las manos.  Si deseamos serlo es tiempo para ajustar nuestra vida y así poder enfrentar aquello que deseamos.  Ser padres es una bendición de la que daremos cuenta delante de Dios y las cuentas que demos deben ser buenas.  Es tiempo de orar pidiendo a Dios nos ayude a ser los padres que nuestros hijos necesitan y Dios demanda de nosotros.
Es tiempo de ajustar lo que creemos de ser padres.  Es tiempo de revisar lo que hemos hecho y estamos haciendo de la vida de nuestros hijos.  Si lo que vemos no es buen fruto debemos de pedir perdón y resarcir el daño. 
Solo Dios nos puede ayudar en la difícil tarea de ser padres.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Fidelidad y relaciones adictivas

Ser fiel y relacionarnos sanamente con la pareja son conductas que aprendemos en casa. Lo vemos en nuestros padres y al paso del tiempo lo duplicamos.  Algunas de esas conductas don funcionales pero otras no y son estas las que dan al traste con nuestra vida.

Fidelidad y compromiso
2 San. 11
Tendemos a ver el asunto de la fidelidad solo como una conducta inmoral, sin embargo es mucho más que eso.  Nadie es genéticamente inmoral.  llegar a romper una promesa es algo que aprendemos a lo largo de nuestra niñez y adolescencia.
Lo aprendemos al ver a nuestro padre priorizar a su trabajo o amigos antes que a nuestra madre o a la familia. Lo aprendemos cuando escuchamos a nuestra madre exhibir los defectos de nuestro padre ante otras personas. Lo aprendemos cuando nos enteramos o percibimos que nuestro padre o madre tienen una relación con otras persona.

El rey David no era infiel por genes sino por aprendizaje y eso mismo enseño a sus hijos

Aprendemos:
1.- Cuando somos expuestos a una conducta en forma repetitiva.
2.- Cuando descubrimos un gratificante que nos mueve s valorar dicho comportamiento.
3. Cuando se nos valoriza a partir de la conducta emitida

Satanás sabe esto y hace de nuestro entorno un caldo de cultivo para esta clase de aprendizaje.  La sociedad postmoderna es un estimulo permanente para la fijación de conductas destructivas.

David había aprendido a gratigicarse por medio del establecimiento de relaciones con varias mujeres a la vez y Betsabe fue una oportunidad más de autogratificación.  Por un momento fue placentero, pero después el dolor hizo presa de el.

Quien crece en un ambiente de infidelidad vivirá infidelidad.  Salir de ello requiere de la gracia de Dios que nos moverá a nuevos aprendizajes.

Relaciones destructivas
Jn.4:5-29
Muchas veces cuando decimos amar en realidad es más codependencia que el sano deseo de hacer bien.  La mujer de la historia había estado con varios hombres pero ninguno por la razón correcta.
aprendemos amar en casa y a expresar amor pero lo aprendemos mal.

1.- Buscamos una relación por miedo a estar solos.
2.- Buscamos una relación porque somos codependientes.
3.- Buscamos a un padre o a una madre.
4.- Buscamos alguien en quien depositar nuestra ira y temores.

En cualquiera que sea el caso, las razones son equivocadas y el dolor estará a la puerta.  construir relaciones destructivas ed algo que aprendemos de nuestros padres y de lo que Dios quiere librarnos.

Amar nada tiene que ver con suplir necesidades a travez de otro.  Amar es entrega, compromiso y hacer bien. Lo demás destruye.

Ven a Dios y pide te enseñe a construir relaciones sanas dentro de un marco de lealtad y fidelidad.  pídele te enseñe amar en forma sana y funcional para que puedas disfrutar la vida en pareja.