sábado, 11 de mayo de 2013

LA CARRERA

Ser padres es quizá la terea más difícil de la vida.  Es difícil porque aprendimos a verla mal, a desearla por razones equivocadas y porque los parámetros siempre indican dirección y medidas poco fiables.  Aprendemos a ser padres, viendo a los nuestros serlo con nosotros, lo cual no siempre es bueno.  La sociedad, a lo largo de la vida nos presenta alternativas de modelos tales como Don Fernando Soler, en su papel de padre en la cinta “La oveja negra” de 1949;  Don Ramón (1976), Homero Simpson (1986) o Ludovico peluche (2005), alguno de ellos muy divertidos para pasar un rato, pero muy poco hábiles en la tarea de educar sanamente.  En medio de todo este remolino de malos ejemplos e ideas falsas para educar hijos, Dios tiene la respuesta y la verdad en su Palabra: “Instruye al niño en su carrera y aun cuando fuera viejo no se apartará de ella”
En esta serie de sermones, revisaremos lo que significa ser padres, la demanda del reino de Dios a quienes son padres, las diferentes estepas de la construcción de la paternidad y el desafío que cada hijo presenta a sus padres para poder ser educado.  Hoy que es el prologo, revisaremos como se define en el Reino de Dios la paternidad.
LA DEMANDA DE SER PADRES
Ser padres es una bendición, es un compromiso, pero también es una vocación.  Adán y Eva fueron llamados a serlo: “Fructificad y multiplicaos”  Es una bendición en tanto los hijos con “herencia” de Dios (Salmo 127:3), son compromiso porque es deber del padre educarlos y guiarlos (Proverbios 22:6) y es una vocación pues fuimos llamados a ello (Génesis 1:28).
Dios nos bendice con la paternidad, nos da el compromiso de educar hijos y nos ha llamado a ello, pero en todo esto hay una verdad: Debemos de hacerlo bien.  Procrear  es fácil, aun divertido y placentero, pero educar requiere de esfuerzo, es a veces frustrante, genera inquietud, quita el sueño durante muchas noches, demanda inversión de tiempo y dinero y ocupara hasta el último de nuestra vida.
A veces anhelamos ser padres, de jóvenes deseamos y soñamos con nuestra propia familia y se convierte ello en un seño que pretendemos lograr enamorándonos, enamorando y casándonos.  Vemos el hecho como “algo bonito” y no entendemos la magnitud del evento, y aun hay quienes siendo ya padres no podemos medir el impacto que trae consigo procrear y terminamos siendo en el mejor del caso “amigos” o “cuates” de nuestros hijos pero en muchos otros ausente emocionales o físicos.
El día en que demos cuentas a Dios por nuestra vida, ese día también se nos demandara la explicación de cómo fuimos padres y que hicimos con la vida de nuestros hijos.
LA DEMANDA DE EDUCAR
Instruir es la acción de enseñar, adoctrinar, capacitar.  Etimológicamente significa juntar hacia adentro.  Dios nos ha llamado a instruir a nuestros hijos.  La vocación no se limita a la procreación se trata de “agregar valor a la vida”  Es decir, que el acto de respirar, reír, jugar, discutir, bailar, divertirse, amar, etc. Sean útiles y trascienda a lo eterno.  Esta no es una tarea que podemos asignar a la SEP.  Ello es obligación de los padres quienes de hecho lo hacemos pero muy inconscientemente, por lo que ignoramos lo que mostramos de la vida a nuestros hijos, y no es hasta que vemos los frutos (indisciplina, malas notas en la escuela, incapacidad para conseguir trabajos o prosperar profesionalmente, divorcios, infidelidades, promiscuidad, etc.).
Debemos aprender a educar con consciencia. De lo que pretendemos lograr y hacia donde queremos que los chicos vayan.  No es tarea fácil, pues hay que luchar con el carácter, temperamento y preferencias de ellos, pero es mejor que dar golpes de ciegos y llegar a cualquier logar sin haber deseado estar ahí. (Salmo 127:4).
Educamos al vivir y ello jamás lo debemos perder de vista.  Los chichos no ponen atención a lo que decimos, sino a lo que hacemos y sentimos.
LA DEMANDA DEL EJEMPLO
La escritura dice que somos “como libros abiertos”   Esto significa que no hay forma de esconder la verdad de la vida a las personas que nos rodean y entre más tiempo pasan a nuestro lado o más cerca están de nosotros mas pueden ver de nuestra vida. A los ojos de nuestros hijos muy poco se escapa y lo que no pueden ver es percibido en su emoción.  Ellos saben bien quienes somos.  A los vecinos, amigos, compañeros de trabajo y familiares lejanos podemos “chamaquear” pero nuestros hijos saben nuestra verdad y la saben bien.  Tan bien que la integran a su vida y con el tiempo emitirán comportamientos similares a los nuestros.  Muy difícilmente un hijo que vio nuestro dolor camine por una ruta diferente. La razón es simple: nuestra vida es su parámetro y la verdad con la que construye la suya.  Es decir ejemplo es todo aquello que nos sirve para modelar una realidad similar y en ese sentido nuestra vida es ejemplo para los chicos que Dios nos ha dado como hijos.
Tenemos que tomar conciencia de que clase de ejemplo estamos dando a nuestros hijos en asuntos tales como: amar, priorizar, servir, valorar a las personas, enfrentar el estrés, vivir en enfermedad, enfrentar el comportamiento adictivo, etc.
Si somos padres debemos de darnos cuenta el compromiso que tenemos en las manos.  Si deseamos serlo es tiempo para ajustar nuestra vida y así poder enfrentar aquello que deseamos.  Ser padres es una bendición de la que daremos cuenta delante de Dios y las cuentas que demos deben ser buenas.  Es tiempo de orar pidiendo a Dios nos ayude a ser los padres que nuestros hijos necesitan y Dios demanda de nosotros.
Es tiempo de ajustar lo que creemos de ser padres.  Es tiempo de revisar lo que hemos hecho y estamos haciendo de la vida de nuestros hijos.  Si lo que vemos no es buen fruto debemos de pedir perdón y resarcir el daño. 
Solo Dios nos puede ayudar en la difícil tarea de ser padres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario