lunes, 10 de junio de 2013

PATERNIDAD Y DISCIPLINA



Hebreros 12:6-7

La disciplina a diferencia de lo que la sociedad nos quiere hacer creer a través de su propaganda mediática, es una muestra de amor.  Disciplina y amor son la misma cosa, así como amor y aceptación también lo son: Amor-Aceptación-Disciplina son el tripodo sobre el cual se construye la vida.

Disciplina y Dios (Heb.12:6-7)

La disciplina es un concepto divino.  Dios es Dios en la disciplina y que disciplina a quienes ha “tomado por hijos”

Hoy día se ve la disciplina como un castigo inútil, como agresión, como falta de aceptación, como represión, sin embargo esa distorsión no viene de Dios, es producto de la modificación de los valores fundamentales, que en este caso, tal modificación no ha dado frutos satisfactorios.  El consejo de ser permisivos y tolerante nos ha costado a los padres mucho más de lo que pensamos.

Para Dios disciplinar es la consecuencia de amar.  El no concibe amar a alguien y dejarlo a su suerte.  Pablo en este texto hace la alegoría con la paternidad y dice “…porque no hay un padre que no corrija a su hijo”  es decir, el apóstol trata de explicar el cómo nos ama Dios refiriendo al amor de nuestros padres.  Estos nos hace pensar en cómo se valoraba la disciplina en esa sociedad.  Hoy no es así y debemos hacer el ejercicio a la inversa: parata motivar y enseñar a los padres a DISCIPLINAR  como lo hace Dios.

Tenemos que disciplinar porque amamos a nuestros hijos y queremos hacerlos competentes para vivir, tenemos que aprender a disciplinar con amor es decir, dando aceptación y no agrediendo las preferencias naturales de nuestros hijos.  Tenemos que aprender que disciplinar no es rechazar a la persona sino enseñar que la conducta o el valor presentado no son funcionales no sanos y que con ellos difícilmente se podrá construir una vida que resulte satisfactoria.  Disciplinar el guiar y se guía mejor con el ejemplo que con las palabras, por lo tanto nuestra forma de vida también es disciplina para nuestros hijos.



Disciplinar implica que el que disciplina, es disciplinado para disciplinar.  El valor de la disciplina se centra en enseñar que lo que hemos que estamos viviendo es consecuencia directa de lo que hicimos, dijimos o sentimos.  Es por eso que agredir no es disciplinar.

Los padres tenemos la obligación de mostrar a nuestros hijos que si hacemos cosas, decimos cosa o sentimos aquello que se nos ha dicho no es adecuado para nuestro crecimiento físico y emocional, seguramente viviremos situaciones dolorosas.  Por eso Salomón insiste en el uso de la vara.  El consejo no es agarrar a golpes a nuestros hijos, sino mostrar con la vara que siempre se lo pasara mal si no hace lo que se le ha pedido.

Hoy día la vara tiene mala publicidad.  Se considera en sí misma un instrumento de tortura, pero eso no es por culpa del texto, sino debido a que muchos de nosotros y otros padres antes que nosotros le dieron mal uso y terminaron agrediendo a sus hijos, esto debido a que ellos mismo tampoco fueron disciplinados sino agredidos.  Esto nos lleva a una verdad, sino no se disciplinar, si soy permisivo, si hay dolor en mi corazón no tratado, si fui violentado, necesito aprender a dar disciplina y para ello primero debo sanar.

La agresión no es disciplina (Ef.6:4)

Si como padre lo único que hago es agredir y no disciplinar, seguramente motivare en mis hijos la ira.

Violentamos a nuestros hijos cuando somos permisivos.  Cuando somos solo amigos de nuestros hijos y dejamos de lado el compromiso de moldear, proponer y establecer conductas, los violentamos dado que los dejamos a su suerte.  Los chicos no tienen experiencia para valorar cual será la consecuencia de su accionar y solo podrán atención en la gratificación inmediata que esa conducta trajo y dejaran de lado las consecuencias o las evitaran.  Esto hará adultos poco hábiles para socializar correctamente, profesionales tramposos, hombres y mujeres mentirosos y esposos o esposas poco leales y comprometidas con su relación.

Violentamos a  nuestros hijos cuando en lugar de enseñar consecuencias descargamos nuestra ira sobre ellos tanto física como emocionalmente.  Esto hará adultos violentos, hombres y mujeres que no sepan lidiar con sus alegrías y tristezas, hombres misóginos y mujeres urgidas de violencia y rechazo.

Dios nos llamo a disciplinar no a agredir.

Si somos padres, debemos sin duda alguna, regresar a lo básico y ello está en la Palabra de Dios.  Tenemos la obligación de guiar a nuestros hijos y darles las herramientas para que puedan construir una buena vida.  Somos responsables de ello.  No podemos eludir la conducta de disciplinar.  Es una vocación divina.  Un día daremos cuenta de ello y no podremos decir “yo no sabía”.

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