lunes, 24 de junio de 2013

El SI es DIOS




 
Dios les dijo a los israelitas:
2 «Yo soy el Dios de Israel. Yo los saqué de Egipto, donde eran esclavos.
3 »No tengan otros dioses aparte de mí.
4 »No hagan ídolos ni imágenes de nada que esté en el cielo, en la tierra o en lo profundo del mar.
5 No se arrodillen ante ellos ni hagan cultos en su honor. Yo soy el Dios de Israel, y soy un Dios celoso. Yo castigo a los hijos, nietos y bisnietos de quienes me odian, 6 pero trato con bondad a todos los descendientes de los que me aman y cumplen mis mandamientos.
7 »No usen mi nombre sin el respeto que se merece. Si lo hacen, los castigaré.
8 »Recuerden que el sábado es un día especial, dedicado a mí.
9 Durante los primeros seis días de la semana podrán hacer todo el trabajo que quieran,  10 pero el sábado será un día de descanso, un día dedicado a mí. Ese día nadie deberá hacer ningún tipo de trabajo: ni ustedes, ni sus hijos, ni sus hijas, ni sus esclavos, ni sus esclavas, ni sus animales, y ni siquiera el extranjero que trabaje para ustedes. 11 Yo hice en seis días el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos. Pero el séptimo día descansé. Por eso bendije ese día y lo declaré un día especial. (Éxodo 20 1-11).

Por más que intentemos hay cosas que no debemos hace, porque nos dañará tan solo el intentarlo.  No debemos tratar de manipular a Dios, buscar usarlo, intentar engañarlo ni mucho menos sustituirlo por lo que se ha puesto de moda.  Buscar estas cosas terminará poniéndonos en la condición de quienes necesitan disciplina de parte de Él. No podemos pretender vivir sin ser agradecidos, sin dedicar tiempo para recordar que somos creaturas y no creadores.

Dios debe ser el la teoría y en la practica el centro de nuestra vida y los diez valores nos lo recuerdan.  Nos motivan a recordar que vivir sin Dios es la conducta más absurda que una sociedad puede presentar.

EL ES DIOS

¿Quién es nuestros Dios?: ¿El trabajo? ¿Los amigos? ¿Nuestros padres? ¿La pareja?  En la práctica lo son porque ocupan el centro de nuestra vida. Pero, ¿Qué han hecho para merecer ese privilegio?  En realidad nada, por lo menos nada comparado con lo que Jehová ha hecho por nosotros.  El se ganó, sin tener que hacerlo, pues por naturaleza lo es, el derecho de que le podamos llamar Padre y que podamos verlo y adorarlo como Dios.  Eso nos debe motivar a construir una relación correcta con Él, basada en tres  “No”
1.     Lo que Dios nos pide no es adorar a otro Dios sin adorarlo a Él.  Eso sería excluirlo.  Lo que Él nos pide es que no tratemos de tener una deidad adicional a Él.  Lo primero en sí mismo es despreciable, pues no considerarlo como Dios después de darnos vida al morir en la cruz, es un comportamiento mezquino que muestra la pobreza de criterio y agradecimiento.  Pero lo segundo deja ver nuestra naturaleza manipuladora y falsa.  Dios nos dice: si quieres que tengamos una relación sana, no intentes hacerme creer que soy lo más importante en tu vida cuando no lo soy.  Podemos decirle a nuestros hijos que los amamos cuando no lo hacemos en verdad, podemos decirle a nuestro padres que los respetamos y no hacerlo, podemos decirle a nuestra pareja que le somos fieles y tener una relación alterna oculta y quizá en todo ello salirnos con la nuestra, pero con Dios jamás.  El se dará cuenta a la primera, porque ve el corazón y no lo externo.
2.    Podemos hacer arte.  No podemos hacer ídolos.  Un ídolo es un Dios creado a nuestra medida.  ES decir, dado que Dios jamás se dejará manipular, entonces nos creamos en nuestra vida “un dios a nuestra medida”  Alguien sobre quien tenemos el control y falsamente le adoramos.  Dios jamás permitirá que algo así pase entre Él y nosotros.  Habrán figuras de autoridad en nuestra vida que se dejen manipular, pero Dios jamás. “El se define en su trato de Dios como celoso”  Es decir, es alguien que no comporte su lugar con otra persona que quiera ocupar su lugar.
3.    No podemos usar a Dios para justificar nuestras conductas.  No podemos, porque Él jamás lo permitirá, que lo engañemos o manipilemos.  La gente a nuestro alrededor es engañable y manipulable, pero Dios nunca nos permitirá hacer eso con El.  Podremos identificar las carencias de otros, los defectos de carácter o necesidades emocionales y a través de ello poder estar en condiciones de usarlos o manipularlos, pero Dios jamás lo permitirá.

Podríamos resumir este mandamiento así:  No intentes tratar a Dios como un igual al que puedes usar, pues jamás se dejará y tendrás una relación dolorosa con El.

HAY QUE RECORDAR

No solo no debemos evitar tratar a Dios como un igual, sino que debemos aprender a tratarlo como Dios.  ¿Cómo?  Adorándolo.

1.     Dios dice, tienes tiempo para ti durante seis días, puedes hacer tus cosas: amar, educar, trabajar. Divertirte, pasear, hacer ejercicio, ver tv, perder el tiempo, etc.  Pero dame un día para mí.  Un día que podamos pasar juntos y hacer todo lo que hace con otros, hacerlo conmigo.  Este. mandamiento no solo nos recuerda que es Dios, sino que también es Padre y Amigo.  Debemos aprender a DEDICARLE tiempo a Dios, no solo en nuestras horas del día, sino UN DIA, en donde Él sea el CENTRO de nuestra vida.  En donde en lo individual y como familia, paseamos tiempo con El en el templo, durante el desayuno, al ir a plaza americas o el dorado, a la hora de comer o solo descansar, aun cuando vemos la liga MX debemos hacerlo con El, porque es SU DIA, no nuestro día.
2.    El día de Dios es para que le adoremos.  Es un tiempo de cercanía emocional, física y espiritual.  El merece ser adorado, es decir que nos demos a Él, porque Él se dio por nosotros al pagar el precio por nuestra libertad.

Dios es Dios y debemos verlo como tal.  Debeos aprender a relacionarnos de tal forma con Él.  Debemos de renunciar a que podemos ocultarle cosas y salirnos con la nuestra, a que podemos en nuestro corazón tener cosas o personas más importantes que el sin pagar un precio por ello.  Estos valores nos recuerdan que si aprendemos a relacionarnos correctamente con nuestro CREADOR, SALVADOR Y PADRE, estaremos dando un paso directo a la felicidad.

https://www.youtube.com/watch?v=eFHHIuKIy3U

lunes, 17 de junio de 2013

Los diez límites


Ex. 20

Dios es nuestro padre y en tanto padres, nos ama y por ello, está interesado que nuestra vida transcurra por una ruta segura, porque sabe que, si no nos disciplina correremos riesgos innecesarios que harán de nuestra vida una experiencia desagradable, dolorosa y con una eternidad lejos de Él.
                                                     
Por lo anterior, Él ha establecido diez limites básicos que nos permitirán vivir en confianza, seguridad y felices.  Hoy iniciamos una serie de sermones que nos permitirán entender  cada uno de estos límites y aprender a valorarlos y vivirlos.

EL PADRE Y LOS LÍMITES

“NO” es una palabra que despreciamos, porque nos han hecho creer que nos cuarta y nos hace infelices.  Nada más falso.  Si, es verdad no es agradable saber que algo que deseamos o queremos nos es bueno para nosotros, sin embargo,  el “NO” es nuestro pase a una vida más feliz.

Dios sabe que ser permisivo con nosotros, nos asegura unas vida placentera pero no feliz.  Buscar placer sin responsabilidad, sin entender porque anhelamos aquello por lo que luchamos y buscamos con tanto esfuerzo, seguramente nos llevará al punto contrario al que deseamos ir.

El Padre, nos ama tanto que nos ayuda a construir una vida más segura a través de estos diez limites que nos enseñan a relacionarnos sanamente con Él, con el prójimo, con quien tenemos compromisos y a quienes debeos respeto.  Estos diez limites básicos nos ayudan a no fracasar en ninguno de nuestros roles de la vida, nos dan seguridad cuando enfrentamos relaciones complicadas o para situaciones que no tenemos respuestas.  Es por esto que estos límites nos muestra el amor del Padre para con nosotros.

LOS HIJOS Y LA NECESIDAD DE REFERENCIAS

Podremos sentirnos YA GRANDES, pero en verdad no lo somos.  Pablo refiere nuestra condición como “niños fluctuantes”  Somos seres que mueren por sentir: poder, control, placer, alegría, etc.  Y ello sin duda nos llevará, si no nos ajustamos a límites sanos, a una vida de mucha frustración, dado que la vida no fue diseñada para siempre estar en la condición de “SENTIR” sensaciones placenteras sin pagar un precio por ello.

Nada es más peligroso que creer que se puede vivir en el placer permanente.  Cuando nos embarcamos en un estilo de vida así terminaos sufriendo y llorando, porque no ajustarse a los limites de Dios siempre resultará en mucho dolor.

Dios sabe esto y nos ama tanto que sin duda nos confrontará con esta vida falsa que el antireino ofrece y nos acotará para que aprendamos a vivir en sus valores.

LOS LÍMITES DEL PADRE Y LA FELICIDAD

“Los diez mandamientos” como le conocemos, son una guía para ser felices en nuestra relación con Dios,  para ser y hacer felices a nuestros padres, para disfrutar y hacer disfrutar en la vida a nuestra pareja y para ser respetado y respetar a  nuestro prójimo. Dejar de lado estos diez límites, sin duda nos ofrecerá una vida de satisfacción inmediata y sin esfuerzo, pero con mucho llanto en el futuro y una eternidad sin Dios.

No es posible ser feliz, si no nos ajustamos a una vida en donde los limites son valorados.  Cualquier otra forma de vida sin duda es falsa.

Dios te ama, nos ama y por ello, no nos permitirá, dado que somos sus hijos, perder nuestra vida en la búsqueda del placer que nos esclavizará al dolor.  Dios quiere que aprendamos a valorar sus .limites y aprender a construir una vida a través de ellos.  Dejemos ya la necedad con la que hemos vivido y sujetémonos al estilo de vida de Dios, es más seguro.  Pruébalo y disfrútalo.

lunes, 10 de junio de 2013

PATERNIDAD Y DISCIPLINA



Hebreros 12:6-7

La disciplina a diferencia de lo que la sociedad nos quiere hacer creer a través de su propaganda mediática, es una muestra de amor.  Disciplina y amor son la misma cosa, así como amor y aceptación también lo son: Amor-Aceptación-Disciplina son el tripodo sobre el cual se construye la vida.

Disciplina y Dios (Heb.12:6-7)

La disciplina es un concepto divino.  Dios es Dios en la disciplina y que disciplina a quienes ha “tomado por hijos”

Hoy día se ve la disciplina como un castigo inútil, como agresión, como falta de aceptación, como represión, sin embargo esa distorsión no viene de Dios, es producto de la modificación de los valores fundamentales, que en este caso, tal modificación no ha dado frutos satisfactorios.  El consejo de ser permisivos y tolerante nos ha costado a los padres mucho más de lo que pensamos.

Para Dios disciplinar es la consecuencia de amar.  El no concibe amar a alguien y dejarlo a su suerte.  Pablo en este texto hace la alegoría con la paternidad y dice “…porque no hay un padre que no corrija a su hijo”  es decir, el apóstol trata de explicar el cómo nos ama Dios refiriendo al amor de nuestros padres.  Estos nos hace pensar en cómo se valoraba la disciplina en esa sociedad.  Hoy no es así y debemos hacer el ejercicio a la inversa: parata motivar y enseñar a los padres a DISCIPLINAR  como lo hace Dios.

Tenemos que disciplinar porque amamos a nuestros hijos y queremos hacerlos competentes para vivir, tenemos que aprender a disciplinar con amor es decir, dando aceptación y no agrediendo las preferencias naturales de nuestros hijos.  Tenemos que aprender que disciplinar no es rechazar a la persona sino enseñar que la conducta o el valor presentado no son funcionales no sanos y que con ellos difícilmente se podrá construir una vida que resulte satisfactoria.  Disciplinar el guiar y se guía mejor con el ejemplo que con las palabras, por lo tanto nuestra forma de vida también es disciplina para nuestros hijos.



Disciplinar implica que el que disciplina, es disciplinado para disciplinar.  El valor de la disciplina se centra en enseñar que lo que hemos que estamos viviendo es consecuencia directa de lo que hicimos, dijimos o sentimos.  Es por eso que agredir no es disciplinar.

Los padres tenemos la obligación de mostrar a nuestros hijos que si hacemos cosas, decimos cosa o sentimos aquello que se nos ha dicho no es adecuado para nuestro crecimiento físico y emocional, seguramente viviremos situaciones dolorosas.  Por eso Salomón insiste en el uso de la vara.  El consejo no es agarrar a golpes a nuestros hijos, sino mostrar con la vara que siempre se lo pasara mal si no hace lo que se le ha pedido.

Hoy día la vara tiene mala publicidad.  Se considera en sí misma un instrumento de tortura, pero eso no es por culpa del texto, sino debido a que muchos de nosotros y otros padres antes que nosotros le dieron mal uso y terminaron agrediendo a sus hijos, esto debido a que ellos mismo tampoco fueron disciplinados sino agredidos.  Esto nos lleva a una verdad, sino no se disciplinar, si soy permisivo, si hay dolor en mi corazón no tratado, si fui violentado, necesito aprender a dar disciplina y para ello primero debo sanar.

La agresión no es disciplina (Ef.6:4)

Si como padre lo único que hago es agredir y no disciplinar, seguramente motivare en mis hijos la ira.

Violentamos a nuestros hijos cuando somos permisivos.  Cuando somos solo amigos de nuestros hijos y dejamos de lado el compromiso de moldear, proponer y establecer conductas, los violentamos dado que los dejamos a su suerte.  Los chicos no tienen experiencia para valorar cual será la consecuencia de su accionar y solo podrán atención en la gratificación inmediata que esa conducta trajo y dejaran de lado las consecuencias o las evitaran.  Esto hará adultos poco hábiles para socializar correctamente, profesionales tramposos, hombres y mujeres mentirosos y esposos o esposas poco leales y comprometidas con su relación.

Violentamos a  nuestros hijos cuando en lugar de enseñar consecuencias descargamos nuestra ira sobre ellos tanto física como emocionalmente.  Esto hará adultos violentos, hombres y mujeres que no sepan lidiar con sus alegrías y tristezas, hombres misóginos y mujeres urgidas de violencia y rechazo.

Dios nos llamo a disciplinar no a agredir.

Si somos padres, debemos sin duda alguna, regresar a lo básico y ello está en la Palabra de Dios.  Tenemos la obligación de guiar a nuestros hijos y darles las herramientas para que puedan construir una buena vida.  Somos responsables de ello.  No podemos eludir la conducta de disciplinar.  Es una vocación divina.  Un día daremos cuenta de ello y no podremos decir “yo no sabía”.