lunes, 29 de febrero de 2016

UNA CARA NUEVA





¿Quién puede compararse al sabio? ¿Quién conoce el sentido de las cosas? La sabiduría ilumina la cara del hombre; hace que cambie su duro semblante. (Eclesiastés 8:1 VDHH)

El pecado hace que la vida se convierta en una experiencia dolorosa.  El pecado destruye todas nuestras emociones positivas y verdaderamente gratificantes y nos hace buscar placer de manera equivocada y hasta bizarra.  El pecado nos convierte en personas con semblantes duros, con el alma impregnada de amargura e incapaces de construir relaciones afectivas gratificantes.  Quien no se vuelve a Dios difícilmente podrá salir desea clase de vida y permanecerá encadenado al dolor en esta vida y en la venidera.

Solo en la verdad de Dios podremos encontrar el camino correcto para poder reír y disfrutar la vida en el gozo de Dios.

LA VERDAD DE DIOS DESTRUYE LA AMARGURA
El pecado es la acción de buscar gratificación fuera de la provisión de Dios.  Es decir, es tratar de ser felices sin Dios a través de lo que la sociedad en la que vivimos nos ofrece.  Esto nos convierte en personas inconscientes, ciegas a la verdad de nuestra propia existencias y por consiguientes amargadas, pues nada de lo que buscamos y en lo que nos empeñamos alcanzamos y se llegamos hacerlo, no nos produce el placer que esperábamos.
Es la verdad de Dios la que puede traer luz y conciencias a nuestra vida. Es su verdad la que puede hacer que un semblante duro sea transformado a la imagen de Cristo.  La verdadera felicidad esta en la verdad de Dios.  El gozo de esta vida se encuentra en caminar a su lado y la libertad para poder ser uno mismo esta en obedecer sus mandamientos.  Vivir cerca de Dios hace que el dolor que construimos al pecar se destruya y es posible ver la vida como Dios la ve: CON GOZO.

DESCANSAR EN DIOS NOS HACE FELICES
Pasamos la vida poniendo tanto esfuerzo para alcanzar nuestros sueños que al final terminamos cansados y lejos de ellos.  El hombre contemporáneo vive con mucho estrés: descansa poco, no disfruta a su familia, vive enojado, explota con facilidad, se desgasta buscando atajos para conseguir lo que quiere y logra poco.  No hay felicidad lejos de Dios y mucho menos fuera de los brazos de Él.  Quien no va a Dios y aprende a descansar en El jamás podrá encontrar gozo y sentido en esta vida y perderá la venidera.  Se puede ir a antrear y reír un poco, pero no ser feliz.  Se puede conseguir a alguien que creamos que nos ama o valora, pero no ser feliz, es posible conseguir un buen sueldo, pero no ser feliz, aun podemos formar una familia más o menos funcional, pero jamás podremos ser felices si no estamos en los brazos de Dios, si no hacemos todo eso guiados por su verdad.
Fuimos creados únicamente para encontrar felicidad, sentido y conciencia en los brazos de nuestro creador.

DIOS NOS DA LIBERTAD PARA DISFRUTAR A OTROS
Deseamos ser amados.  Cuando somos niños, deseamos ser amados por nuestros padres, pero el pecado y el dolor de estos no nos lo permite.  Cuando somos adolescentes queremos ser aceptados por nuestros amigos pero los valores pecaminosos de nuestras sociedad nos juegan una mala pasada.  Siendo jóvenes insistimos en encontrar el amor que pensamos nos hará personas felices y completas, pero nuestros deseos pecaminosos nos llevan directo a las miles de trampas que el maligno ha puesto para destruir nuestra estima. Ya de adultos queremos ser admirados y reconocidos, pero el dolor acumulado por el pecado al paso de los años no nos permiten disfrutar las bendiciones de Dios.

Es en Dios y únicamente en la verdad de Dios que podeos encontrar la libertad para disfrutar la vida y las personas cercanas a nosotros que se encuentran en esa vida.  Es en la verdad de Dios que podemos encontrar la libertad de ver la vida correctamente para poder encontrar placer al ser amigo, hijo, padre, estudiante, empleado, empresario, esposo, esposa, etc.


CONCLUYAMOS
Solo es en la verdad de Dios, que podemos ser transformado de personas adoloridas a verdaderamente felices.  Es en el acto de caminar al lado de nuestro padre lo que nos permite tomar conciencia de quienes somos, que hacemos aquí y a donde vamos.  Es solo en los brazos de Dios que podemos ser transformado y la amargura que hemos construido por ser testarudos se irá.


Dejemos de insistir en ser felices según nuestra idea, la cual construimos a través de la influencia de esta sociedad llena de pecado y sometida a satanás.  Volvámonos a Dios y sometámonos a su voluntad, pues solo ahí nuestra tristeza, amargura y dolor, serán trasformadas en gozo.