¿Quién
puede compararse al sabio? ¿Quién conoce el sentido de las cosas? La sabiduría
ilumina la cara del hombre; hace que cambie su duro semblante. (Eclesiastés 8:1
VDHH)
El pecado hace que la vida se convierta en una experiencia
dolorosa. El pecado destruye todas
nuestras emociones positivas y verdaderamente gratificantes y nos hace buscar
placer de manera equivocada y hasta bizarra.
El pecado nos convierte en personas con semblantes duros, con el alma
impregnada de amargura e incapaces de construir relaciones afectivas
gratificantes. Quien no se vuelve a Dios
difícilmente podrá salir desea clase de vida y permanecerá encadenado al dolor
en esta vida y en la venidera.
Solo en la verdad de Dios podremos encontrar el camino
correcto para poder reír y disfrutar la vida en el gozo de Dios.
LA VERDAD DE DIOS DESTRUYE LA AMARGURA
El pecado es la acción de buscar gratificación fuera de la
provisión de Dios. Es decir, es tratar
de ser felices sin Dios a través de lo que la sociedad en la que vivimos nos
ofrece. Esto nos convierte en personas
inconscientes, ciegas a la verdad de nuestra propia existencias y por
consiguientes amargadas, pues nada de lo que buscamos y en lo que nos empeñamos
alcanzamos y se llegamos hacerlo, no nos produce el placer que esperábamos.
Es la verdad de Dios la que puede traer luz y conciencias a
nuestra vida. Es su verdad la que puede hacer que un semblante duro sea
transformado a la imagen de Cristo. La
verdadera felicidad esta en la verdad de Dios.
El gozo de esta vida se encuentra en caminar a su lado y la libertad
para poder ser uno mismo esta en obedecer sus mandamientos. Vivir cerca de Dios hace que el dolor que
construimos al pecar se destruya y es posible ver la vida como Dios la ve: CON
GOZO.
DESCANSAR EN DIOS NOS HACE FELICES
Pasamos la vida poniendo tanto esfuerzo para alcanzar
nuestros sueños que al final terminamos cansados y lejos de ellos. El hombre contemporáneo vive con mucho
estrés: descansa poco, no disfruta a su familia, vive enojado, explota con
facilidad, se desgasta buscando atajos para conseguir lo que quiere y logra
poco. No hay felicidad lejos de Dios y
mucho menos fuera de los brazos de Él.
Quien no va a Dios y aprende a descansar en El jamás podrá encontrar
gozo y sentido en esta vida y perderá la venidera. Se puede ir a antrear y reír un poco, pero no
ser feliz. Se puede conseguir a alguien que
creamos que nos ama o valora, pero no ser feliz, es posible conseguir un buen
sueldo, pero no ser feliz, aun podemos formar una familia más o menos
funcional, pero jamás podremos ser felices si no estamos en los brazos de Dios,
si no hacemos todo eso guiados por su verdad.
Fuimos creados únicamente para encontrar felicidad, sentido y
conciencia en los brazos de nuestro creador.
DIOS NOS DA LIBERTAD PARA DISFRUTAR A OTROS
Deseamos ser amados.
Cuando somos niños, deseamos ser amados por nuestros padres, pero el
pecado y el dolor de estos no nos lo permite.
Cuando somos adolescentes queremos ser aceptados por nuestros amigos
pero los valores pecaminosos de nuestras sociedad nos juegan una mala
pasada. Siendo jóvenes insistimos en
encontrar el amor que pensamos nos hará personas felices y completas, pero
nuestros deseos pecaminosos nos llevan directo a las miles de trampas que el
maligno ha puesto para destruir nuestra estima. Ya de adultos queremos ser
admirados y reconocidos, pero el dolor acumulado por el pecado al paso de los
años no nos permiten disfrutar las bendiciones de Dios.
Es en Dios y únicamente en la verdad de Dios que podeos
encontrar la libertad para disfrutar la vida y las personas cercanas a nosotros
que se encuentran en esa vida. Es en la
verdad de Dios que podemos encontrar la libertad de ver la vida correctamente
para poder encontrar placer al ser amigo, hijo, padre, estudiante, empleado,
empresario, esposo, esposa, etc.
CONCLUYAMOS
Solo es en la verdad de Dios, que podemos ser transformado de
personas adoloridas a verdaderamente felices.
Es en el acto de caminar al lado de nuestro padre lo que nos permite
tomar conciencia de quienes somos, que hacemos aquí y a donde vamos. Es solo en los brazos de Dios que podemos ser
transformado y la amargura que hemos construido por ser testarudos se irá.
Dejemos de insistir en ser felices según nuestra idea, la
cual construimos a través de la influencia de esta sociedad llena de pecado y
sometida a satanás. Volvámonos a Dios y
sometámonos a su voluntad, pues solo ahí nuestra tristeza, amargura y dolor,
serán trasformadas en gozo.

