jueves, 22 de septiembre de 2016

DIEZMOS Y OFRENDAS



Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébame en esto —dice el SEÑOR Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3:10)

"Pero en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice Jehová el Señor, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra; allí los aceptaré, y allí demandaré vuestras ofrendas, y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas consagradas." Ezequiel 20:40

¡Amamos ser bendecidos por Dios!  No conozco a nadie que se resista a que Dios le bendiga y le prospera.  Oramos y ayunamos para que Dios provea para nuestra necesidad y nos libre de la escasez.  Sin embargo cuando se trata de que seamos los que nosotros demos, entonces los “peros” empiezan a salir por nuestra boca para evitar cumplir con nuestro deber.  Aun usamos textos bíblicos para argumentar que tal cosa no es necesaria.  Olvidamos que dar es una conducta altamente valorada en el Reino de nuestro padre, por ello hechos 20:35 afirma que hay más dicha en dar que en recibir.  Sin embargo como buenos occidentales del siglo XXI creemos que, acumular y no dar, nos hará personas prosperas y felices.  Sin duda el que no da podrá acumular, pero tal cosa no es una bendición de Dios y por lo tanto, tarde o temprano cosechará dolor como resultado de su conducta.

PAGUEMOS EL DIEZMO
El diezmo no se da, se paga.  No es dinero nuestro. Pensamos que sí, pero nos engañamos a nosotros mismo.  Salimos a defender a nuestro bolsillo” argumentando que no lo hacemos porque no sabemos en qué se gasta ese dinero, porque no estamos conformes en lo que se invierte o porque no hay un solo texto en el nuevo testamente que demande tal acción.  La realidad es una: nos duele obedecer y más si se trata de dinero y dinero que creemos es nuestro.
Malaquías nos deja ver tres verdades sobre la conducta de diezmar que debemos aprender:
a.     TODOS.  Dios demanda de nosotros diezmemos de todo.  Es decir la décima parte de todo lo que tenemos y somos es de Dios.  Quedarnos con ella es robar y robar es un pecado que normalmente nunca confesamos.
b.     ALIMENTO.  El diezmo se invierte en el sustento de quienes ministran en la casa de Dios al resto de la familia.  No es para construcción ni para adquirir bienes.  Es dinero de Dios para que quienes sirven a la familia tengan para comer.
c.     PROBAR.  Diezmar es una acto de fe.  La lógica dice que el cien por ciento rendirá mejor que el noventa por ciento, pero no es así en la familia de nuestro Padre.  En su Reino menos no siempre es menos y más no siempre da seguridad.
Debemos ir cada domingo con nuestro diezmo ya preparado y debemos asegurarnos que estamos diezmando de todo para no quedarnos con lo que no nos pertenece.  Debemos asegurarnos de que estamos confiando en la provisión de Dios y no lo estamos haciendo para conseguir admiración o “prosperidad”  Diezmamos por obediencia aun si no hubiera promesa para ello.

OFRENDEMOS CON ALEGRIA
Ofrendar es un comportamiento que demuestra gratitud.  Si hay demanda sobre esto, pero la base es la gratitud.  Ofrendamos de lo que Dios nos da.  De los regalos recibidos de su mano. De cada bendición que el provee a nuestra vida.  Es decir, en tanto hijos, cada vez que nuestro Padre nos da un regalo corremos hacia Él y entregamos una ofrenda de lo mismo que Él nos ha regalado.   Muchas veces nos comportamos como aquellos leprosos, que después de ser sanados, se olvidaron de quien habían recibido ese regalo.  Solo uno regreso y ofrendo por el favor recibido.

En este sentido, no ofrendamos de lo que nos sobra, sino que desde nuestro corazón apartamos para nuestro Padre y Dios “algo” que muestre nuestra gratitud hacia Él.  Preparamos nuestra ofrenda, nos aseguramos que sea el reflejo de nuestra gratitud y la damos con alegría y sencillez de corazón.  No buscamos ser vistos ni aplaudidos. Es un asunto entre Dios y cada uno de nosotros.

PRIMICIAS
¿De quién es lo primero?   De Dios.  No es nuestro, le pertenece a Él.  Las primeras horas del día, lo primero de nuestro dinero, lo primero de nuestras posesiones, el primero de nuestros hijos, el primer día de cada año, etc.  Todo aquello que sea “primero” es y le pertenece a Dios.  Podemos ofrendar, pero no de lo primero y en ello hay pecado, porque muestra a quien estamos entronizando en nuestra vida.
Dar ofrendas de primicias deja ver quien está sentado en el trono de nuestro corazón.  Nos recuerda que somos hijos y siervos y nos ayuda a no olvidar que todo lo que tenemos lo hemos recibido por amor.

CONCLUYAMOS
¿Qué le estamos dando a Dios? ¿Cómo se lo damos? ¿Por qué lo hacemos?  La realidad es que Dios demanda de nosotros pagar nuestros diezmos y dar nuestra ofrenda.  Podemos buscarle y argumentar un montón de cosas pero al final, nada de ello nos eximirá del hecho de que debemos obedecer.

Pongamos nuestra confianza en Dios y diezmemos.  Paguemos nuestros diezmos de todo lo que él nos da y ofrendemos de cada bendición recibida de su mano.  Recordemos que no servimos a Dios de “palabra” sino con hechos.

lunes, 15 de agosto de 2016

SOLO ADMINISTRADORES…. NUNCA DUEÑOS





Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.
(Eclesiastés 5:19)
       
Nos gusta pensar que las cosas que tenemos son nuestra.  Disfrutamos creer que el dinero que ganamos nos pertenece y podemos hacer lo que nos plazca con él  y  aun fantaseamos con la idea de que las personas que nos rodean son de nuestra propiedad.  ¡Estamos equivocados!  Esa percepción sobre las posiciones nada tiene que ver con el Reino de Dios.  Creer así es el resultado de haber crecido en una sociedad secularizada, consumista, enajenadora de los bienes comunes y sometida a los principios de control con que se rige el reino de las tinieblas.

Hoy aprenderemos una verdad sobre las posesiones: nada es nuestro, todo es de Dios pero en su amor y gracia nos permite tomar de lo que solo a Él le pertenece, y traer con ello bienestar a nuestra vida en esta tierra.

ES DIOS QUIEN DA
Es falsa la frase que reza: “yo me gano la vida…”  Nadie se gana la vida, es Dios quien provee para nuestro sustento.  Todo lo que vemos, y aun lo que no alcanzamos a ver ni imaginar pero existe, le pertenece a Dios. El aire que respiramos, la ropa que vestimos, la comida con la que nos alimentamos, las emociones que experimentamos, el trabajo que tenemos, el matrimonio que construimos, los hijos que procreamos, la playa en la que vacacionamos, etc. Todo, absolutamente todo es de Dios y el da a quien desea y de la forma en que desea.  En la economía del Reino solo hay un propietario ese propietario es el Creador.
El hombre contemporáneo en su afán de ser su propio limite a creado una sociedad en donde él es dios ( por supuesto, un mal dios de motivos equivocados y por equivocados debemos entender egoístas) y dado Dios, creador de todo lo existente.  Sin embargo es una engaño porque el hombre mismo es creado y el que le ha promovido esta ideas perversas en la mente del hombre,  también lo es.
Quien entiende que todo viene de la mano de Dios puede tener la paz de Job que cuando lo perdió todo y dijo: 20Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza, y postrándose en tierra, adoró, 21y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR. 22En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios. (Job 1:21-21)  La prosperidad no es un asunto de hacer declaraciones, sino de vivir en la voluntad perfecta del Padre quien decide que dar a cada hijo según sus planes, necesidades y madurez.
En tanto hijos, debemos esperar y clamar por la provisión de nuestro padre para nuestro sustento diario.  Debemos aprender a no dudar y a no vivir en la desesperación con que viven quienes no son hijos, pues su confianza esta puesta en lo que “el ojo ve”  Nosotros busquemos la compañía de nuestro Padre vivamos en su Palabra, pues ahí no hay privación que lastime el alma.

QUIEN RECIBE ES SOLO ADMINISTRADOR
Quien de Dios recibe no es propietario, sino administrador y en tanto administrador deberá de dar cuentas.  En este sentido, nuestra oración no debe ser solo, “Seño dame” sino Señor dado que me has dado, por favor capacítame”  Si recibo de Dios un matrimonio, debo ser un administrador capaz porque daré cuentas de ello.  Si recibo de Dios hijos, debo buscar de Dios la sabiduría para ser ejemplo y educarles, pues Dios me pedirá buenas cuentas de ello.  Si de la mano de Dios he alcanzado un empleo, debo suplicar a Dios gracia y competencia para hacer las cosas bien, pues tendré que explicarle que hice con ese trabajo.  Si Dios me da dinero, deberé rogar abra mis ojos para que yo vea esa provisión como El la ve pues cuando tengamos “que echar cuentas” podremos salir deudores.
Deseamos y deseamos pero olvidamos que daremos cuenta de todo aquello que recibimos y ante el dueño que todo lo sabe y todo lo ve ninguna excusa tendrá valor.
El consumismo es una trampa que nos hace creer poderosos y capaces cuando en realidad somos administradores de Dios y por necedad esclavos del capitalismo que nos a condiciona a desear y comprar sin necesitar.

SOLO PODEMOS TOMAR NUESTRA PARTE
Eclesiastés nos presenta aquí una sentencia que pasamos por alto con mucha facilidad: “Solo podemos tomar nuestra parte”  De todo lo que Dios nos da hay una parte de la que podemos hacer uso y otra que no podemos tocar.  Pero la bondad de Dios es tan grande que la parte que nos da,  con ella nos regala la dicha de gozar y disfrutar en esta tierra.  Pero demanda que de aquello que no es nuestro evitemos hacer uso.
¡Nada es nuestro, pero de lo que recibimos solo una porción es “nuestra herencia en esta tierra” el resto le pertenece a Dios y debemos pagárselo.
Tienes seis días pero hay uno que le pertenece a Dios y debemos dárselo.  No hay excusa para quedarnos a ver tv. Dormir, descansar, pasear, etc. Recibimos nuestra quincena y el 90% podemos usarlo para cubrir nuestra necesidad, pero el diez por ciento restante le pertenece a Creador, no podemos usufructuarlo.  Tenemos capacidades y talentos y parte de ello debe ser puesto como activo para la extensión del Reino en nuestra iglesia local.  De cada cosa recibida una parte es de Dios y usarla para nuestro benefició muestra la mezquindad de nuestro corazón y la esclavitud en la que vivimos.

CONCLUYAMOS
No somos dueño.  Daremos cuenta de todo al Creador, tendremos que explicar porque preferimos el consumismo  por sobre la confianza en su provisión, por qué luchamos por ser nuestros propios dioses en lugar que aceptarlo a él como El Señor de todo.  Tendremos que dar cuentas de qué nos impulsó a usar para nuestro beneficio todo lo recibido olvidando que solo podíamos hacer uso de una parte,  Tendremos que argumentar porque enseñamos a reclamar prosperidad y no aprender a vivir con la provisión que viene de su mano.


Volvamos a nuestro Padre como el hijo prodigo y roguemos nos reeduque a fin de poder ver las posiciones como Él lo hace, pues solamente así alcanzaremos en su justicia, paz en medio de una sociedad que se mata por tener, alcanzar poder y usar de junto.