lunes, 15 de agosto de 2016

SOLO ADMINISTRADORES…. NUNCA DUEÑOS





Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.
(Eclesiastés 5:19)
       
Nos gusta pensar que las cosas que tenemos son nuestra.  Disfrutamos creer que el dinero que ganamos nos pertenece y podemos hacer lo que nos plazca con él  y  aun fantaseamos con la idea de que las personas que nos rodean son de nuestra propiedad.  ¡Estamos equivocados!  Esa percepción sobre las posiciones nada tiene que ver con el Reino de Dios.  Creer así es el resultado de haber crecido en una sociedad secularizada, consumista, enajenadora de los bienes comunes y sometida a los principios de control con que se rige el reino de las tinieblas.

Hoy aprenderemos una verdad sobre las posesiones: nada es nuestro, todo es de Dios pero en su amor y gracia nos permite tomar de lo que solo a Él le pertenece, y traer con ello bienestar a nuestra vida en esta tierra.

ES DIOS QUIEN DA
Es falsa la frase que reza: “yo me gano la vida…”  Nadie se gana la vida, es Dios quien provee para nuestro sustento.  Todo lo que vemos, y aun lo que no alcanzamos a ver ni imaginar pero existe, le pertenece a Dios. El aire que respiramos, la ropa que vestimos, la comida con la que nos alimentamos, las emociones que experimentamos, el trabajo que tenemos, el matrimonio que construimos, los hijos que procreamos, la playa en la que vacacionamos, etc. Todo, absolutamente todo es de Dios y el da a quien desea y de la forma en que desea.  En la economía del Reino solo hay un propietario ese propietario es el Creador.
El hombre contemporáneo en su afán de ser su propio limite a creado una sociedad en donde él es dios ( por supuesto, un mal dios de motivos equivocados y por equivocados debemos entender egoístas) y dado Dios, creador de todo lo existente.  Sin embargo es una engaño porque el hombre mismo es creado y el que le ha promovido esta ideas perversas en la mente del hombre,  también lo es.
Quien entiende que todo viene de la mano de Dios puede tener la paz de Job que cuando lo perdió todo y dijo: 20Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza, y postrándose en tierra, adoró, 21y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR. 22En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios. (Job 1:21-21)  La prosperidad no es un asunto de hacer declaraciones, sino de vivir en la voluntad perfecta del Padre quien decide que dar a cada hijo según sus planes, necesidades y madurez.
En tanto hijos, debemos esperar y clamar por la provisión de nuestro padre para nuestro sustento diario.  Debemos aprender a no dudar y a no vivir en la desesperación con que viven quienes no son hijos, pues su confianza esta puesta en lo que “el ojo ve”  Nosotros busquemos la compañía de nuestro Padre vivamos en su Palabra, pues ahí no hay privación que lastime el alma.

QUIEN RECIBE ES SOLO ADMINISTRADOR
Quien de Dios recibe no es propietario, sino administrador y en tanto administrador deberá de dar cuentas.  En este sentido, nuestra oración no debe ser solo, “Seño dame” sino Señor dado que me has dado, por favor capacítame”  Si recibo de Dios un matrimonio, debo ser un administrador capaz porque daré cuentas de ello.  Si recibo de Dios hijos, debo buscar de Dios la sabiduría para ser ejemplo y educarles, pues Dios me pedirá buenas cuentas de ello.  Si de la mano de Dios he alcanzado un empleo, debo suplicar a Dios gracia y competencia para hacer las cosas bien, pues tendré que explicarle que hice con ese trabajo.  Si Dios me da dinero, deberé rogar abra mis ojos para que yo vea esa provisión como El la ve pues cuando tengamos “que echar cuentas” podremos salir deudores.
Deseamos y deseamos pero olvidamos que daremos cuenta de todo aquello que recibimos y ante el dueño que todo lo sabe y todo lo ve ninguna excusa tendrá valor.
El consumismo es una trampa que nos hace creer poderosos y capaces cuando en realidad somos administradores de Dios y por necedad esclavos del capitalismo que nos a condiciona a desear y comprar sin necesitar.

SOLO PODEMOS TOMAR NUESTRA PARTE
Eclesiastés nos presenta aquí una sentencia que pasamos por alto con mucha facilidad: “Solo podemos tomar nuestra parte”  De todo lo que Dios nos da hay una parte de la que podemos hacer uso y otra que no podemos tocar.  Pero la bondad de Dios es tan grande que la parte que nos da,  con ella nos regala la dicha de gozar y disfrutar en esta tierra.  Pero demanda que de aquello que no es nuestro evitemos hacer uso.
¡Nada es nuestro, pero de lo que recibimos solo una porción es “nuestra herencia en esta tierra” el resto le pertenece a Dios y debemos pagárselo.
Tienes seis días pero hay uno que le pertenece a Dios y debemos dárselo.  No hay excusa para quedarnos a ver tv. Dormir, descansar, pasear, etc. Recibimos nuestra quincena y el 90% podemos usarlo para cubrir nuestra necesidad, pero el diez por ciento restante le pertenece a Creador, no podemos usufructuarlo.  Tenemos capacidades y talentos y parte de ello debe ser puesto como activo para la extensión del Reino en nuestra iglesia local.  De cada cosa recibida una parte es de Dios y usarla para nuestro benefició muestra la mezquindad de nuestro corazón y la esclavitud en la que vivimos.

CONCLUYAMOS
No somos dueño.  Daremos cuenta de todo al Creador, tendremos que explicar porque preferimos el consumismo  por sobre la confianza en su provisión, por qué luchamos por ser nuestros propios dioses en lugar que aceptarlo a él como El Señor de todo.  Tendremos que dar cuentas de qué nos impulsó a usar para nuestro beneficio todo lo recibido olvidando que solo podíamos hacer uso de una parte,  Tendremos que argumentar porque enseñamos a reclamar prosperidad y no aprender a vivir con la provisión que viene de su mano.


Volvamos a nuestro Padre como el hijo prodigo y roguemos nos reeduque a fin de poder ver las posiciones como Él lo hace, pues solamente así alcanzaremos en su justicia, paz en medio de una sociedad que se mata por tener, alcanzar poder y usar de junto.

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