Asimismo,
a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para
que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.
(Eclesiastés
5:19)
Nos gusta
pensar que las cosas que tenemos son nuestra.
Disfrutamos creer que el dinero que ganamos nos pertenece y podemos
hacer lo que nos plazca con él y aun fantaseamos con la idea de que las
personas que nos rodean son de nuestra propiedad. ¡Estamos equivocados! Esa percepción sobre las posiciones nada
tiene que ver con el Reino de Dios.
Creer así es el resultado de haber crecido en una sociedad secularizada,
consumista, enajenadora de los bienes comunes y sometida a los principios de
control con que se rige el reino de las tinieblas.
Hoy
aprenderemos una verdad sobre las posesiones: nada es nuestro, todo es de Dios
pero en su amor y gracia nos permite tomar de lo que solo a Él le pertenece, y
traer con ello bienestar a nuestra vida en esta tierra.
ES DIOS QUIEN DA
Es falsa la
frase que reza: “yo me gano la vida…”
Nadie se gana la vida, es Dios quien provee para nuestro sustento. Todo lo que vemos, y aun lo que no alcanzamos
a ver ni imaginar pero existe, le pertenece a Dios. El aire que respiramos, la
ropa que vestimos, la comida con la que nos alimentamos, las emociones que
experimentamos, el trabajo que tenemos, el matrimonio que construimos, los
hijos que procreamos, la playa en la que vacacionamos, etc. Todo, absolutamente
todo es de Dios y el da a quien desea y de la forma en que desea. En la economía del Reino solo hay un
propietario ese propietario es el Creador.
El hombre
contemporáneo en su afán de ser su propio limite a creado una sociedad en donde
él es dios ( por supuesto, un mal dios de motivos equivocados y por equivocados
debemos entender egoístas) y dado Dios, creador de todo lo existente. Sin embargo es una engaño porque el hombre
mismo es creado y el que le ha promovido esta ideas perversas en la mente del
hombre, también lo es.
Quien
entiende que todo viene de la mano de Dios puede tener la paz de Job que cuando
lo perdió todo y dijo: …20Entonces
Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza, y postrándose en tierra,
adoró, 21y
dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El SEÑOR dio
y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR. 22En
todo esto Job no pecó ni culpó a Dios. (Job 1:21-21) La prosperidad no es un asunto de hacer
declaraciones, sino de vivir en la voluntad perfecta del Padre quien decide que
dar a cada hijo según sus planes, necesidades y madurez.
En tanto
hijos, debemos esperar y clamar por la provisión de nuestro padre para nuestro
sustento diario. Debemos aprender a no dudar
y a no vivir en la desesperación con que viven quienes no son hijos, pues su
confianza esta puesta en lo que “el ojo ve”
Nosotros busquemos la compañía de nuestro Padre vivamos en su Palabra,
pues ahí no hay privación que lastime el alma.
QUIEN RECIBE ES SOLO ADMINISTRADOR
Quien de Dios
recibe no es propietario, sino administrador y en tanto administrador deberá de
dar cuentas. En este sentido, nuestra
oración no debe ser solo, “Seño dame” sino Señor dado que me has dado, por
favor capacítame” Si recibo de Dios un
matrimonio, debo ser un administrador capaz porque daré cuentas de ello. Si recibo de Dios hijos, debo buscar de Dios
la sabiduría para ser ejemplo y educarles, pues Dios me pedirá buenas cuentas
de ello. Si de la mano de Dios he
alcanzado un empleo, debo suplicar a Dios gracia y competencia para hacer las
cosas bien, pues tendré que explicarle que hice con ese trabajo. Si Dios me da dinero, deberé rogar abra mis
ojos para que yo vea esa provisión como El la ve pues cuando tengamos “que
echar cuentas” podremos salir deudores.
Deseamos y
deseamos pero olvidamos que daremos cuenta de todo aquello que recibimos y ante
el dueño que todo lo sabe y todo lo ve ninguna excusa tendrá valor.
El consumismo
es una trampa que nos hace creer poderosos y capaces cuando en realidad somos administradores
de Dios y por necedad esclavos del capitalismo que nos a condiciona a desear y
comprar sin necesitar.
SOLO PODEMOS TOMAR NUESTRA PARTE
Eclesiastés
nos presenta aquí una sentencia que pasamos por alto con mucha facilidad: “Solo
podemos tomar nuestra parte” De todo lo
que Dios nos da hay una parte de la que podemos hacer uso y otra que no podemos
tocar. Pero la bondad de Dios es tan
grande que la parte que nos da, con ella
nos regala la dicha de gozar y disfrutar en esta tierra. Pero demanda que de aquello que no es nuestro
evitemos hacer uso.
¡Nada es
nuestro, pero de lo que recibimos solo una porción es “nuestra herencia en esta
tierra” el resto le pertenece a Dios y debemos pagárselo.
Tienes seis
días pero hay uno que le pertenece a Dios y debemos dárselo. No hay excusa para quedarnos a ver tv.
Dormir, descansar, pasear, etc. Recibimos nuestra quincena y el 90% podemos
usarlo para cubrir nuestra necesidad, pero el diez por ciento restante le
pertenece a Creador, no podemos usufructuarlo.
Tenemos capacidades y talentos y parte de ello debe ser puesto como
activo para la extensión del Reino en nuestra iglesia local. De cada cosa recibida una parte es de Dios y
usarla para nuestro benefició muestra la mezquindad de nuestro corazón y la
esclavitud en la que vivimos.
CONCLUYAMOS
No somos
dueño. Daremos cuenta de todo al
Creador, tendremos que explicar porque preferimos el consumismo por sobre la confianza en su provisión, por
qué luchamos por ser nuestros propios dioses en lugar que aceptarlo a él como
El Señor de todo. Tendremos que dar
cuentas de qué nos impulsó a usar para nuestro beneficio todo lo recibido
olvidando que solo podíamos hacer uso de una parte, Tendremos que argumentar porque enseñamos a
reclamar prosperidad y no aprender a vivir con la provisión que viene de su
mano.
Volvamos a
nuestro Padre como el hijo prodigo y roguemos nos reeduque a fin de poder ver
las posiciones como Él lo hace, pues solamente así alcanzaremos en su justicia,
paz en medio de una sociedad que se mata por tener, alcanzar poder y usar de junto.

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