lunes, 7 de marzo de 2016

VAMOS EN OTRA DIRECCION







Cumple las órdenes del rey, pues así lo has jurado ante Dios. No salgas de su presencia con demasiada rapidez. No tomes parte en asuntos malvados, porque él puede hacer lo que se le antoje. La palabra del rey tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos.
Al que cumple una orden, no le pasará nada malo, y el que es sabio entiende cuándo y cómo debe cumplirla. En realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran problema del hombre es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir.
No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvará su maldad.
Todo esto he visto al entregarme de lleno a conocer lo que se hace en este mundo y el poder que el hombre tiene de hacer daño a sus semejantes.
10 También he visto que a gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el día de su entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y esto no tiene sentido, 11 porque al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre sólo piense en hacer lo malo. 12 ¡Así resulta que el que peca y sigue pecando vive muchos años! (Lo que yo sabía es que a los que honran a Dios y guardan reverencia ante él, les va bien; 13 y que, por el contrario, a los malvados les va mal y su vida pasa como una sombra porque no muestran reverencia ante Dios.) 14 Y así se da en este mundo el caso sin sentido de hombres buenos que sufren como si fueran malos, y de hombres malos que gozan como si fueran buenos. ¡Yo digo que tampoco esto tiene sentido!
15 Por eso, me declaro en favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse, porque eso es lo único que le queda de su trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo.
16 Mientras más me entregué a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este mundo —llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora—, 17 más cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que ocurre en este mundo. Por más que luche buscando la respuesta, no la encontrará; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido encontrarla.
(Eclesiastés 8:2-17)

Tener el control de todo es una  obsesión muy humana.  Queremos que las cosas pasen tal y como nosotros creemos que es lo mejor o pensamos necesitar, buscamos siempre que las personas hagan lo que buscamos o deseamos, persistimos en la idea de que nos amen a todo costa pues creemos que “somos geniales”.  Nos esforzamos aun a costa de nuestra salud en alcanzar lo que deseamos y siempre estamos intentando en manipular a todos incluyendo a Dios.  Podrá ser una conducta muy humana, pero no por ello deja de ser desquiciante, enfermiza y sobre todo pecaminosa.  El predicador nos confronta en estos verso con esta realidad y nos reta a vivir de una forma completamente diferente.

DIOS HACE LO QUE QUIERE
El hombre contemporáneo ha creado la fantasía de que es autónomo, libre, autosuficiente, capaz y que conoce todas las posibilidades correctas para construir la vida.  Nada es más absurdo que esto.  Obedecer se ha vuelto en todo sentido y en cualquier rol posible en una opción y quienes hemos venido al Reino de Dios, insistimos en hacer de esta mentira una opción de vida, din entender que ello se opone en todo a la verdad y los valores revelados en la Palabra.
Henos olvidado que a Dios no se le puede manipular.  Hemos olvidado que no es susceptible como nosotros al chantaje, a sus necesidades,  a  nuestros valores sociales, a la filosofía de moda  y mucho menos a nuestros intereses.  Dios no esta subordinado a nuestros deseos, es más el no tiene obligación alguna de cumplir nuestros capricho o suplir para nuestras urgencias.  El es Dios y nadie, absolutamente nadie esta por encima de El.  Ante El lo mejor que podemos hacer es obedecer, pues argumentar es un acto tonto de nuestra parte.  Jamás olvidemos que ante Dios no habrá escusa que nos libre de nuestra responsabilidad de vivir en su verdad.

DE CUALQUIER FORMA MORIREMOS
El hombre contemporáneo busca no envejecer y con ello crear la fantasía de que nunca morirá.  Cremas, tintes, dietas, ejercicios, ropa, terapias, etc. No son más que un acto de rebelión encontrar de Dios de parte de una sociedad en clara oposición a su verdad.
El hombre se ha convertido en su limite y sus deseos son el modo que considera perfecto para construir una vida que le resulta satisfactoria.  Hemos olvidado que tenemos fecha de caducidad y que al final de esta vida física nos presentaremos a rendir cuenta ante el Creador y que por ende, tendremos que responder sobre lo que nos motivo a hacer lo que hicimos.  Hagamos lo que hagamos jamás podremos evitar nuestra muerte y que después de ella la verdadera vida empieza y el punto de arranque es el justo tribunal de Dios.

LA VIDA PARECIERA NO TENER SENTIDO
Si nos detenemos a ver la vida, nos daremos cuenta de que muchas cosas parecieran no tener sentido ni lógica.  La gente mala pareciera tener más éxito y los que intenta hacer la voluntad de Dios sufren y obtienen poco.  Esto desanima y confunde motivando a muchos a dejar la ruta correcta e ir tras los Baales que esta generación ha construido para sí, con tal de tener “mejores resultados” 
Olvidamos que somos una “contra cultura”  Que vamos en dirección opuesta.  Que no construimos la vida bajo lo valores y creencias de esta generación pues no buscamos tesoros que pueden ser robados.  Olvidamos que sin duda,  junto a cualquiera de esta sociedad que no sirve al Creador, nos veremos raros, pues no adoramos con nuestra forma de vivir al dios de este mundo, que todo corrompe y esclaviza.
Somos hijos de Dios y aunque parezcamos raros, vivimos en la verdad de aquel que nos salvo y que tiene para nosotros una mejor recompensa que cualquier cosa que esta generación nos ofrezca.

Dejemos de buscar tener el control de todo.  Eso no es una conducta que Dios promueva. Dejemos de aspirar a lo que esta generación busca, promete u ofrece.  Nada que nos pueda dar nos hará felices y mucho menos nos preparará para la eternidad.  Dejemos de anhelar ser como el hombre contemporáneo, dejemos de manipular y usar a las personas para alcanzar cosas u emociones que serán fugaces, dejemos de invertir nuestra vida en desobedecer al Creador pues nada de eso traerá bendición.


Sometamos a Dios y a sus valores pues solo ahí hay vida y gozo eterno.



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