2 Cumple las órdenes del
rey, pues así lo has jurado ante Dios. 3 No salgas de su
presencia con demasiada rapidez. No tomes parte en asuntos malvados, porque él
puede hacer lo que se le antoje. 4 La palabra del rey
tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos.
5 Al
que cumple una orden, no le pasará nada malo, y el que es sabio entiende cuándo
y cómo debe cumplirla. 6 En
realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran
problema del hombre 7 es
que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir.
8 No hay quien tenga
poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder
sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvará
su maldad.
9 Todo
esto he visto al entregarme de lleno a conocer lo que se hace en este mundo y
el poder que el hombre tiene de hacer daño a sus semejantes.
10 También he visto que a
gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el día de su
entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y
esto no tiene sentido, 11 porque
al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca
que el hombre sólo piense en hacer lo malo. 12 ¡Así
resulta que el que peca y sigue pecando vive muchos años! (Lo que yo sabía es
que a los que honran a Dios y guardan reverencia ante él, les va bien; 13 y
que, por el contrario, a los malvados les va mal y su vida pasa como una sombra
porque no muestran reverencia ante Dios.) 14 Y así se da
en este mundo el caso sin sentido de hombres buenos que sufren como si fueran
malos, y de hombres malos que gozan como si fueran buenos. ¡Yo digo que tampoco
esto tiene sentido!
15 Por eso, me declaro en
favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es
comer, beber y divertirse, porque eso es lo único que le queda de su trabajo en
los días de vida que Dios le da en este mundo.
16 Mientras
más me entregué a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este
mundo —llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora—, 17 más
cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que
ocurre en este mundo. Por más que luche buscando la respuesta, no la
encontrará; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido
encontrarla.
(Eclesiastés
8:2-17)
Tener el
control de todo es una obsesión muy humana. Queremos que las cosas pasen tal y como
nosotros creemos que es lo mejor o pensamos necesitar, buscamos siempre que las
personas hagan lo que buscamos o deseamos, persistimos en la idea de que nos
amen a todo costa pues creemos que “somos geniales”. Nos esforzamos aun a costa de nuestra salud en
alcanzar lo que deseamos y siempre estamos intentando en manipular a todos
incluyendo a Dios. Podrá ser una
conducta muy humana, pero no por ello deja de ser desquiciante, enfermiza y
sobre todo pecaminosa. El predicador nos
confronta en estos verso con esta realidad y nos reta a vivir de una forma
completamente diferente.
DIOS HACE
LO QUE QUIERE
El hombre contemporáneo
ha creado la fantasía de que es autónomo, libre, autosuficiente, capaz y que
conoce todas las posibilidades correctas para construir la vida. Nada es más absurdo que esto. Obedecer se ha vuelto en todo sentido y en
cualquier rol posible en una opción y quienes hemos venido al Reino de Dios, insistimos en hacer de esta mentira una opción de vida, din entender que ello se opone en todo a
la verdad y los valores revelados en la Palabra.
Henos
olvidado que a Dios no se le puede manipular.
Hemos olvidado que no es susceptible como nosotros al chantaje, a sus
necesidades, a nuestros valores sociales, a la filosofía de
moda y mucho menos a nuestros intereses. Dios no esta subordinado a nuestros deseos,
es más el no tiene obligación alguna de cumplir nuestros capricho o suplir para
nuestras urgencias. El es Dios y nadie,
absolutamente nadie esta por encima de El.
Ante El lo mejor que podemos hacer es obedecer, pues argumentar es un
acto tonto de nuestra parte. Jamás
olvidemos que ante Dios no habrá escusa que nos libre de nuestra
responsabilidad de vivir en su verdad.
DE
CUALQUIER FORMA MORIREMOS
El hombre contemporáneo
busca no envejecer y con ello crear la fantasía de que nunca morirá. Cremas, tintes, dietas, ejercicios, ropa,
terapias, etc. No son más que un acto de rebelión encontrar de Dios de parte de
una sociedad en clara oposición a su verdad.
El hombre
se ha convertido en su limite y sus deseos son el modo que considera perfecto para construir una vida que le resulta satisfactoria. Hemos olvidado que tenemos fecha de caducidad
y que al final de esta vida física nos presentaremos a rendir cuenta ante el
Creador y que por ende, tendremos que responder sobre lo que nos motivo a hacer
lo que hicimos. Hagamos lo que hagamos
jamás podremos evitar nuestra muerte y que después de ella la verdadera vida
empieza y el punto de arranque es el justo tribunal de Dios.
LA VIDA
PARECIERA NO TENER SENTIDO
Si nos
detenemos a ver la vida, nos daremos cuenta de que muchas cosas parecieran no
tener sentido ni lógica. La gente mala
pareciera tener más éxito y los que intenta hacer la voluntad de Dios sufren y
obtienen poco. Esto desanima y confunde
motivando a muchos a dejar la ruta correcta e ir tras los Baales que esta
generación ha construido para sí, con tal de tener “mejores resultados”
Olvidamos
que somos una “contra cultura” Que vamos
en dirección opuesta. Que no construimos
la vida bajo lo valores y creencias de esta generación pues no buscamos tesoros
que pueden ser robados. Olvidamos que
sin duda, junto a cualquiera de esta sociedad que no sirve al Creador, nos veremos raros, pues no adoramos con nuestra forma de vivir al dios de este
mundo, que todo corrompe y esclaviza.
Somos hijos
de Dios y aunque parezcamos raros, vivimos en la verdad de aquel que nos salvo
y que tiene para nosotros una mejor recompensa que cualquier cosa que esta
generación nos ofrezca.
Dejemos de
buscar tener el control de todo. Eso no
es una conducta que Dios promueva. Dejemos de aspirar a lo que esta generación busca,
promete u ofrece. Nada que nos pueda dar
nos hará felices y mucho menos nos preparará para la eternidad. Dejemos de anhelar ser como el hombre contemporáneo,
dejemos de manipular y usar a las personas para alcanzar cosas u emociones que serán
fugaces, dejemos de invertir nuestra vida en desobedecer al Creador pues nada
de eso traerá bendición.
Sometamos a
Dios y a sus valores pues solo ahí hay vida y gozo eterno.


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