Puse todo
mi empeño en entender todo esto, y pude comprobar que todo está en las manos de
Dios: en sus manos está lo que hacen los sabios y la gente honesta. Ninguno de
nosotros sabe en realidad lo que son el amor y el odio. 2 Lo
mismo da ser justo que ser injusto, ser bueno o malo, puro o impuro, ofrecerle
sacrificios a Dios o no ofrecérselos, pecar o no pecar, hacerle a Dios promesas
o no hacérselas, pues todos tenemos un mismo final.
3 Y eso es lo malo de
todo lo que se hace en esta vida: que todos tengamos un mismo final. Además,
siempre estamos pensando en la maldad; nos pasamos la vida pensando tonterías,
¡y al fin de cuentas todos paramos en el cementerio!
4 No hay mucho de dónde
elegir, aunque «mientras haya vida hay esperanza», por eso digo, «más vale
plebeyo vivo que rey muerto». 5 Los que aún vivimos
sabemos que un día habremos de morir, pero los muertos ya no saben nada ni
esperan nada, y muy pronto son olvidados. 6 Con la
muerte se acaban sus amores, sus odios, sus pasiones y su participación en todo
lo que se hace en esta vida.
7 ¡Ánimo,
pues! ¡Comamos y bebamos alegres, que Dios aprueba lo que hacemos! 8 ¡Vistámonos
bien y perfumémonos! 9 Puesto
que Dios nos ha dado una corta vida en este mundo, disfrutemos de cada momento
con la mujer amada. ¡Disfrutemos cada día de esta vida sin sentido, pues sólo
eso nos queda después de tanto trabajar! 10 Y todo lo que podamos
hacer, hagámoslo con alegría. Vamos camino a la tumba, y allá no hay trabajo ni
planes, ni conocimiento ni sabiduría. (Eclesiastés 9:1-10)
Nuestra vida en esta
tierra tiene un límite. No viviremos
para siempre, ni pasaremos la eternidad aquí.
Tarde o tempranos todos dejaremos esta existencia y nos presentaremos a
rendir cuentas sobre todo aquello que nos movió a hacer y ser. No importa quienes creímos ser, tendremos que
presentarnos ante el tribunal del creador, nuestro dueño, el proveedor de la
vida que hoy gastamos, nuestro Padre y Dios y explicar porque amamos o porque
dejamos de amar, porque creímos valioso invertir la vida en lo que lo hacemos o
porque no tuvimos empacho en usar a las personas que nos han rodeado para
sentirnos valiosos, poderosos, amados o con una vida que tiene
significado. Tendremos que explicar
porque nunca nos alejamos de quienes nos hacen daño o porque no dejamos ir a
quienes le causamos dolor y arruinamos su vida.
Tendremos también que explicar porque no aprendimos a disfrutar la vida,
porque construimos motivos bizarros para ser feliz o porque dejamos pasar los
años sin hacer ajustes a nuestros valores y creencias y con ello encontrar
mayor felicidad en la Palabra, en la familia, en los amigos sinceros y en la
gente que nos ama de verdad.
La vida es corta y después de ella hay rendición de cuentas
nos guste o no. ¿Qué habremos de decir
al que nos dio la vida y que conoce todo de nosotros?
LA REALIDAD ES QUE NO SABEMOS
No importa cuantos años tengamos de vida, la realidad es que
sabemos muy poco sobre ella. Aunque
creamos la fantasía de que sabemos vivir la realidad es que no. Construimos
nuestra relación de matrimonio por razones y necesidades personales que nos son
ocultas. Hacemos el trabajo de ser padre
sin entender las necesidades reales de nuestros y casi siempre buscando nuestra
propia gratificación y admiración de ellos.
Pasamos tiempo con amigos de los que hablamos mal a sus espaldas y aun
asistimos a la iglesia para sentirnos bien y no para vivir en los valores del
Reino de Dios. No sabemos discutir, no
sabemos disciplinar, no sabemos retirarnos, tampoco enfrentar el dolor o la
perdida, sin embargo vamos por ahí dando consejos, señalando los errores de
otros y haciendo burla de quienes fallan en su intento de ser felices.
Lejos de Dios y sometidos a los valores de esta generación difícilmente
podremos aprender a vivir. Nadie que
intente vivir de verdad podrá hacerlo siguiendo la verdad del dios de este
mundo para quien controlar es mejor que amar, usar es mas rentable que servir,
manipular gratifica más que hacer bien a otros y la mentira paga mejor renta
que la verdad. La cercanía a los valores
de una sociedad que le ha dado la espalda al Creador, nos hace incompetentes
para vivir y vivir bien.
INVERTIMOS LA VIDA EN TONTERIAS
¿Qué volaras en cuanto a la vida, la belleza, la lealtad, el
compromiso, las promesas, la paternidad, los bienes materiales, etc.? ¿Eso qué valoras como lo aprendiste? ¿De
quien lo aprendiste? ¿Por qué necesitaste aprenderlo? Todas esas verdades que en su gran mayoría no
vienen de Dios, nos hacen apreciar lo mismo que ésta generación aprecia y con
ello nos aleja de Dios. Pasamos la vida
por lo tanto luchando por muchas tonterías: Insistimos en ser socialmente
atractivos y económicamente poderosos.
Luchamos por la admiración de los demás, por adquirir bienes de consumo
que son valorados en nuestro entorno.
Nos desgatamos en crear la fantasía de que somos amados y priorizados
por “un alguien” que satisfaga nuestra expectativas de belleza, sumisión,
control, etc. Invertimos nuestras
quincenas en pagar deudas adquiridas por comprar cosas que creímos importante y
que cuando terminamos de pagarlas ya estaban devaluadas.
En lugar de disfrutar la vida la empeñamos a cambio de “un
poco de amor”, una quincena que no alcanza, relaciones que nos destruyen,
verdades que son mentiras y “amistades que hablan a nuestras espaldas” Nos olvidamos que es Dios nuestro proveedor,
que solo su amor nos puede llenar y que su Palabra revelada si es verdad y
confiable. Nos olvidamos de abrazar a nuestros
hijos en vez de darles cosas. Olvidamos
a nuestros padres porque nos parecen anticuados y lentos. Perdemos a nuestros amigos porque no son tan “cool”
como la gente “popu” de nuestra escuela y trabajo. Dejamos el Reino y su verdad, por las tonterías
que esta generación ofrece y que solo causan dolor.
APRENDAMOS A SER FELICES
La felicidad no se encuentra en el éxito. Tampoco esta en tener el amor de la persona
que deseamos. Mucho menos en una auto 2016; una Smart TV; un IPhone 6 plus; una
consola de video juegos, ropa de moda, viajes, una casa nueva o terminar una
carrera universitaria. Todo eso esta
bien, pero solo nos sacara unas cuantas sonrisas y después nos darán
pesar. Sí, lo sabemos, pero a pesar
de ello sucumbimos al deseo y vamos tras
todo ello con locura y desesperación.
No hemos aprendido a ser felices, porque olvidamos con
facilidad que la felicidad solo se puede encontrar en Dios y en su verdad. No hay felicidad sin perdón de pecados, como
tampoco la hay en creer que tener “solo buen sexo” es mejor que construir una
relación de pareja sana y estable, que un aumento en la quincena es mejor que
pasar las tarde con la familia o que una buena charla con amigos que te valoran
puede ser remplazada por ser el “patiño” del “popu” de la oficina o la escuela
que cuentas chiste baratos y hace burlas de todos para sentir que vale un
poquito.
La felicidad esta en Dios.
Su gozo es nuestra fuerza y sus valores son los pilares perfectos para
construir vidas satisfactorias en cualquier etapa de la vida. Solo Dios y no la sociedad, tiene los parámetros
correctos para aprender a ser felices y disfrutar del bien que viene de su
mano.
CONCLUYAMOS
¿En que gastas tu vida? ¿Cuáles son los valores con los
pretendes sostener tu vida y lo que incluyes en ella? ¿Cómo pretendes ser feliz? De todo ello rendiremos cuentas. Nada es mas cierto que moriremos y que cuando
ello ocurra nos presentaremos ante el creador y ante la pregunta de “¿Qué
hiciste?” tendremos que explicar nuestros motivos mas ocultos.
No hay felicidad sin obediencia. Retar a Dios insistiendo en construir la vida
con otras reglas y principios que no son los suyos siempre traerá dolor. Algo de risa, efervescencia, sensaciones que
suben y bajan como la espuma pero no felicidad.
El predicador nos confronta hoy con el hecho de invertir la vida en lo
equivocado, en lo que se va fácil, en aquello que brilla mucho pero tiene poca
sustancia. Nos enfrenta a la idea de que
hagamos las cosas bien o mal si Dios no eta ahí todo será inútil.
Seamos prudentes y pidamos a Dios que nos enseñe a ser
felices y renunciemos a las ideas equivocadas que hemos utilizado a lo largo de
nuestra vida para lograrlo. Una buena
vida solo se construye en la verdad de Dios y en su perfecta libertad que nos
hace personas satisfechas a pesar de las dificultades inherentes a estar vivos
en esta tierra.


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