Dios le dijo:
—Voy a hacer en Israel algo muy terrible. Cuando la gente lo sepa, temblará de miedo. 12 Cumpliré contra la familia de Elí todo lo que he dicho. 13 Él sabía que sus hijos me ofendían gravemente, y no hizo nada para corregirlos. Así que voy a castigar a su familia, y nada ni nadie podrá evitarlo. 14 ¡Juro que ninguna ofrenda será suficiente para que yo les perdone su maldad! (1Samuel 3:11-14)
Hoy día la gente tiene muchas opiniones de Dios. Estamos convencidos de que lo que creemos de Él le determina. Los ateos creen que porque no creen Dios deja de existir, los de la nueva era creen que porque piensan que Dios está en todo y todo es Dios, así lo es. Los humanistas creen que dado que el hombre es el centro de la historia, entonces el hombre es una especie de Dios.
Lo que pensemos de Dios no le cambia en nada, pero lo que Él piense de nosotros si. Los hijos de Elí creían que lo que hacían para Dios era lo correcto, que su concepto de Dios era el verdadero, que su forma de adorar era la correcta, pero jamás pensaron en lo que Dios creía respecto a ellos: “eran desaprobados por Él”
No sé qué creas respecto a Dios, pero es mucho más importante lo que Él cree de ti. Sin duda el jamás dejará de ser Dios, pero nosotros si dejaríamos de ser quienes somos sin su amor, gracia y misericordia. No seamos como los hijos de Elí, busquemos en todo tiempo y no creamos que todo está bien en lo que hacemos y creemos, sino seamos humildes y revisemos nuestra vida a fin de ajustarla a lo que Dios desea de nosotros.

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